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jueves, 20 de septiembre de 2018



Me complace anunciaros que ya puede comprarse mi novela No soy una buena persona. Pronto saldrán más enlaces tanto en papel como en ebook, pero os dejo este para ir abriendo boca. En breve anunciaré presentación y si vivís en Mallorca os lo entrego en mano (y un poco más barato)
 Gracias a Escaparate Literario y Caligrama
https://escaparateliterario.com/juanjoduran/
https://www.caligramaeditorial.com/No-soy-una-buena-persona…

sábado, 3 de febrero de 2018

EL VIEJO (cortometraje)

SINOPSIS GUION “EL VIEJO”

Lucas trabaja como recaudador para una familia de usureros. No es muy listo, pero sabe hacer bien su trabajo. Taciturno y callado, acarrea en silencio un pasado de malos tratos. Cuando se entera de que el hijo de “El Viejo” (su patrón) es un pedófilo, estalla en un arranque de violencia contra su futuro jefe, matándolo a golpes. Ramón, su mejor amigo, intentará buscarle una salida.


1-INT-CAFETERÍA-NOCHE

La puerta de la cafetería se abre y dos hombres entran en ella. Uno calza botas militares negras, el otro, zapatos de charol, también negros. Sus pies avanzan por el pasillo.

Atendiendo la barra, una mujer joven. Al lado de la barra, una ristra de mesas pegadas a la enorme vidriera que muestra la calle de noche en una hora intempestiva.

Un hombre sentado en la última mesa del local observa a los dos hombres avanzar hacia él.
Agarra el cuchillo de encima de la mesa con disimulo y lo guarda en la muñeca, ocultándolo bajo la chaqueta. Después recoge sus manos bajo la mesa.

Los dos hombres pasan por delante de la CAMARERA (30) sin mirarla siquiera. Su atención está puesta en el hombre que ocupa la última mesa del local.

Cuando llegan a su altura, RAMÓN (42) se sienta enfrente. Es guapo, bien plantado y mejor vestido. Su compañero se apoya en la barra, se acomoda el taburete y se sienta sin perder de vista a LUCAS (38), situándose entre los dos.

El rostro de Lucas presenta un aspecto horrible y fiero a la vez, reflejo de una pelea reciente. Tiene la ceja y el labio partido y mal curados. Aunque sus heridas ya han dejado de sangrar, su ojo derecho parece una manzana podrida. La atención de Lucas se desvía hacia RISTO (32), que se abre la cazadora con intención y se acomoda la pistola que descansa bajo su axila.

                        LUCAS
         Que parte de “ven solo” no entendiste.

                        RAMÓN
         ¿Qué problema tienes? Ya conoces a Risto.
    
                        LUCAS
Ese es el problema, que le conozco.

Risto esboza una sonrisa, sin duda se siente halagado.
La Camarera se acerca por detrás de la barra. Antes de que abra la boca, Risto reacciona primero señalando la mesa.

                        RISTO
Un té rojo para él.

La Camarera observa brevemente a Ramón antes de alejarse.

                        RAMÓN
                   (a Lucas)
Haz el favor de poner las manos sobre la mesa.

La amabilidad de Ramón es de esas que asustan. Lucas levanta los brazos, entrelaza los dedos y apoya ambas manos sobre la mesa, apartando el plato y el tenedor con el antebrazo. Sus nudillos presentan peor aspecto que su rostro.
Ramón se dedica un momento a observar sus heridas con detenimiento. Agita la cabeza con cierta desilusión.
                       
                        RAMÓN
Mira que hay maneras de cagarla, pero la tuya... (se le escapa una sonrisa)... es de las más gordas que he visto.

La Camarera se acerca y deja el té junto a Ramón, que ladea la vista y le dedica una sonrisa.

                        RAMÓN
         Gracias, guapa.

La Camarera le devuelve la sonrisa con timidez antes de retirarse de nuevo.

Ramón acerca el rostro a la taza con calma e inhala el humo que sale de ella. Cuando se incorpora, su gesto cambia. Es de todo menos amable.                

                        RAMÓN
Tú no eres Dios, Lucas. No decides quien vive o quien muere, eso es cosa del Viejo.

               LUCAS
Los niños no se tocan... hasta el Viejo sabe eso.

               RAMÓN
Ya, pues tú te has cargado a su... “niño”.

Lucas cierra los dedos y golpea con rabia con ambas manos sobre la mesa. Ramón reacciona y agarra la taza para que el té no se derrame.
Risto endereza la espalda y se lleva la mano al interior de la cazadora.

                        LUCAS
¡No viste lo que yo, era un sádico y un pervertido!

La Camarera, que estaba recogiendo los cubiertos de una de las mesas, asoma su cabeza, alertado por el ruido. Lucas ladea la cabeza y la mira con fijeza. La Camarera observa el rostro serio y destrozado de Lucas y devuelve su atención a sus quehaceres.
Lucas retoma la conversación con Ramón.

                        LUCAS
         Hasta tú deberías saberlo.

                        RAMÓN
Yo sé muchas cosas y callo casi tantas como sé.

Ramón, con calma, agarra la taza y se la lleva a la boca. Sopla y toma un breve sorbo. Después vuelve a dejar la taza sobre el plato sin perder un ápice de calma.

                        RAMÓN
         El Viejo quiere tu cabeza... literalmente.

                        LUCAS
         Creí que éramos amigos.

                        RAMÓN
         Te equivocaste de trabajo si pensabas eso.

Ramón se lleva la mano al bolsillo de su chaqueta. Lucas se pone nervioso y saca el cuchillo de la manga de su abrigo, alojando la hoja bajo la nuez de Ramón con una velocidad endiablada.
Risto se levanta casi con la misma con rapidez y desenfunda el revólver. Se planta junto a Lucas de una zancada y apoya el cañón sobre su sien. Todo sucede muy rápido, apenas unos segundos.

Ramón levanta la mano hacia Risto para que se detenga sin dejar de mirar a Lucas y saca muy despacio un sobre del interior de su chaqueta. Lo deja sobre la mesa y lo empuja hacia Lucas.

                        RAMÓN
Te irás esta noche, me importa una mierda donde, pero no quiero que vuelvas... nunca.

Lucas no suelta el cuchillo, pero lo separa del cuello de Ramón. Agarra el sobre y lo abre levemente. En su interior, un buen fajo de billetes de quinientos. Risto retrocede un poco y se coloca de pie al lado de Ramón, sujetando el arma que apunta al suelo.

                        RAMÓN
Risto y yo iremos a la morgue. Escogeré al cabronazo que más se parezca a ti y le moleré la cara a palos.

               LUCAS
No tragará.

               RAMÓN
El Viejo lleva dos días alimentándose de alcohol y antidepresivos, se creerá lo que yo le diga.

Lucas deja el cuchillo sobre la mesa y se guarda el sobre en el bolsillo.

                        LUCAS
         Siempre se te ha dado bien mentir.

                        RAMÓN
                   (sonríe)
Hay que sacar provecho de lo que mejor sabes hacer.

Ramón vuelve a tomar un sorbo de su taza con absoluta calma, dando por zanjada la conversación. Lucas, en cambio, no.

                        LUCAS
Sabes, hay un pensamiento que llevo dos días sin poder quitarme de la cabeza.

               RAMÓN
Sea lo que sea, te conviene hacerlo.

               LUCAS
Me preguntaba... si el Viejo está en las últimas, su hijo muerto y yo que seguramente acabaré en una zanja ahora que sé cuál es tu verdadera motivación en toda esta mierda...

Ramón cruza una mirada con Lucas, su semblante ahora sí muestra preocupación.

                        RAMÓN
         ¿Y tú pregunta es?

                        LUCAS
La jugada te sale redonda, ¿no es cierto? Conocías mi pasado, sabías cómo iba a reaccionar. Tú me enviaste a su casa para que fuera a buscarlo con la excusa de que el Viejo quería verle.

Ahora quien se mueve con calma es Lucas. Alarga los brazos y recoge el té de Ramón, atrayéndola hacia sí.
        
                       LUCAS
Lástima que pienses que no seamos amigos, te habría apoyado sin la necesidad de mentir.

Ramón le mira sin comprender, pero Lucas no le presta atención. Levanta la vista y mira a Risto a los ojos.

Risto dispara y la cabeza de Ramón se sacude y cae con sonoridad sobre la mesa, salpicándola de sangre.

Lucas se levanta. Se saca el sobre del abrigo y se lo entrega a Risto, que guarda de nuevo el arma antes de recogerlo.

                        LUCAS
         Te dije que traería dinero.

                        RISTO
Te doy una hora, luego iré a ver al Viejo y le diré y que tas cargado a Ramón.

               LUCAS
No puedes ir a ver al Viejo así.

               RISTO
¿Así como?

               LUCAS
Con esa cara de modelo de calzoncillos, no se lo tragará.

Para cuando Risto comprende lo que le viene encima, ya es demasiado tarde. Lucas le lanza un directo al rostro que pilla a Risto por sorpresa, pero Lucas no se detiene ahí. Sin tregua le golpea a los riñones, cortándole el aire. Risto cae de rodillas al suelo. Lucas le revienta la nariz contra la madera de la barra.
No contento con eso, se echa sobre él y continúa castigándole el rostro. Hasta que no comienza a notar la falta de aire en sus pulmones por el esfuerzo, no se detiene. Se echa un poco hacia atrás sin levantarse y observa su obra.

Risto respira con dificultad mientras la sangre se abre paso por su nariz y su boca.

                        LUCAS
Es por tu bien Risto. Te he salvado la vida, es Viejo no es gilipollas.

Lucas agarra la pistola con una servilleta y el sobre con el dinero. Se incorpora.

Tambaleándose por el esfuerzo se dirige hacia la salida, donde se cruza con la Camarera. Se planta delante de ella y deja la pistola sobre la mesa. La Camarera recula asustada, pero no tiene donde ir.

                        LUCAS
Llama a la policía antes de que despierte y diles la verdad, que ese tío ha disparado al otro.

Lucas abandona el local ante la mirada aterrada de la Camarera que se apresura a agarrar el móvil.


2-EX-CAFETERÍA-NOCHE

Lucas sale del local, saca las llaves del bolsillo y tras abrir la puerta con el cierre centralizado se sube al coche.

El vehículo arranca con calma y se aleja bajo el manto de la noche circulando sobre el asfalto de una ciudad desierta.


                                             FUNDIDO A FIN.

domingo, 18 de septiembre de 2016

La Parca (largometraje)



En medio de una guerra santa iniciada por el asesinato del Papa Francisco, emerge una letal enfermedad denominada “La Parca”. La pandemia acaba con la guerra, pero también podría terminar con la humanidad. Óscar, ateo convencido, intenta sobrevivir al fanatismo y a la pandemia, oculto en una institución mental. La llegada de una mujer católica y una niña marroquí perturbará su deseado ostracismo.


1-EXT-AVENIDA CIUDAD-DÍA

El Papa saluda subido al papamóvil mientras recorre las calles, cruzando un río de fieles.
Una estela de humo gris salida de la azotea de un edificio lejano, atraviesa la multitud hasta alcanzar el vehículo.
El automóvil vuela por los aires provocando una onda expansiva de humo y sangre.

                                    MUJER
                               (voz en off)
La muerte del Papa provoca una guerra santa que divide el mundo en dos.


2-INT/EXT-TELEVISOR-DÍA

Imágenes de televisiones de todo el mundo describen violentas manifestaciones, represión policial y militar, incendios y revueltas.

Enloquecidos islamistas claman su discurso lleno de ira, alzando sus AK47 y disparando al aire.
Alzacuellos levantan sus cruces exigiendo la fe en su dios.

                          MUJER
                     (voz en off)
Los gobiernos son incapaces de reaccionar ante tal espiral de violencia. La guerra estalla entre la población, en cada barrio, vecino contra vecino... Pero lo peor aún estaba por llegar.


3-EXT-CALLEJÓN CIUDAD-DÍA

Un hombre apoya la mano en la pared, se encorva y vomita. Cuando se incorpora muestra un rostro lleno de llagas, demacrado, desnutrido y de tez blanquecina.

A sus pies yace el cadáver de una mujer agarrando el cuerpo inerte de un niño.

            MUJER
                               (voz en off)
El caos y la locura traen consigo una terrible pandemia que denominan “La Parca”. La enfermedad no distingue de religiones ni credos y que cada bando atribuye a la ira de su propio dios, pero la verdad es que nadie ha podido siquiera intuir la procedencia de tan mortífera enfermedad.

El hombre sale del callejón y alcanza la avenida.
Más cadáveres le dan la bienvenida bajo una ciudad derruida y en llamas.

                                    MUJER
                                (voz en off)
Ante gobiernos ineptos e ineficaces, la vida se ha vuelto más primaria. Los pocos que sobreviven lo hacen en un ambiente enrarecido, cruel y violento. En solo seis meses, “La Parca” ha conseguido acabar con la denominada “Guerra de Fe” y de paso también con la fe en la humanidad.

                                          FUNDIDO A NEGRO:

Sobre negro se OYE el sollozo de una niña.

                                    ANA
                               (voz)
         ¿Papá... papá?...


4-EXT-BOSQUE-NOCHE

Un hombre semidesnudo corre asustado abriéndose camino por el frondoso bosque. Su torso escuálido y su rostro demacrado y desnutrido, golpea la maleza causándole pequeños cortes en su piel blanquecina.

El grito desgarrador de una mujer provoca que frene su carrera y se detenga en seco.  
LUIS (35) mira atrás aterrado, sin duda reconoce la voz. La mujer grita una vez más, pero su alarido se corta en seco... después silencio.
Una risa lejana se funde con el feroz ladrido de un perro.

Luis baja la cabeza sin poder ocultar la vergüenza y el pesar que le invade, aun así permanece inmóvil y no vuelve sobre sus pasos... Una lágrima recorre su mejilla y su mano se cierra sobre una cruz dorada que cuelga de su cuello, agarrada a una cadena del mismo color.

Las carcajadas y los gritos de ánimo le obligan a reaccionar y Luis reemprende de nuevo su huida.

Tras superar con notable esfuerzo un pequeño ribazo, la espesura del espeso bosque se toma un respiro. En lo alto de la ladera se levanta un vasto edificio de tres plantas.

Luis se acerca corriendo y empuja la enorme verja corrediza que domina la entrada. Junto a ella reza un letrero: “Institución mental Apóstoles de la Salud”.

La puerta no cede a su débil empujón, está fuertemente anclada al rail del suelo y los gruesos barrotes no dejan resquicio alguno. Luis decide voltear los altos muros del edificio. Las voces se oyen tan cercanas como amenazadoras.

Luis bordea el edificio y encuentra una pequeña hendidura en la parte posterior, oculta tras un contenedor. Por el agujero no cabría un hombre, pero el cuerpo de Luis es menos que eso.

Con esfuerzo, empuja el contenedor levemente y se introduce por la grieta del edificio. Su escuálido cuerpo le facilita la tarea, aun así el agujero es muy pequeño y sus huesudas costillas rozan los resquicios de la hendidura, provocándole sendas heridas en los costados.

Saca sus consumidos brazos del hueco de la pared y agarra de nuevo el contenedor, empujándolo con esfuerzo hasta taponar de nuevo la pequeña grieta del muro.



5-INT-SÓTANO/CORREDOR HOSPITAL-NOCHE

La oscuridad recibe a Luis, que se mueve por el pasillo en silencio y tanteando el camino, sin apenas aliento por el esfuerzo y el miedo que le invade.
Luis dobla una esquina y atisba con la mirada lo que parece ser una máquina de refrescos al final del pasillo con la puerta entreabierta. Sin pensárselo dos veces, acelera el paso hacia ella. Cuando llega a su altura, sus pies ceden sobre una negra tela.

Luis ha caído en un agujero de unos cinco metros de profundidad. Intenta salir agarrándose a los resquicios de la pared pero la tierra blanda primero y el hormigón quebrado después, lo devuelven de nuevo al agujero. Luis pide ayuda a voces, pero calla al oír unos pasos acercándose.
Con ánimo, levanta la cabeza y observa la figura de un hombre asomarme al hueco del agujero.

ÓSCAR (38) es corpulento, va ataviado con botas y zamarra de cazador. Una máscara de oxígeno de aspecto militar oculta su rostro. Un revólver reposa pegado a la cadera y un cuchillo de tamaño considerable se asoma a la altura de la bota. Entre las manos sujeta un fusil de pesca submarina.
Óscar permanece en silencio, su respiración tras la máscara es audible.

                                    LUIS
         ¿Puedes sacarme de aquí, por favor?

Óscar, tras una breve pausa, niega con la cabeza.

                                    LUIS
Un grupo de saqueadores nos ha sorprendido en la ladera... (comienza a sollozar)... Dios creo que han matado a mi hermana, por favor ayúdame.

Óscar continúa con su mutismo, pero baja el arpón.
Con la mano libre alcanza uno de los bolsillos del pantalón. Extrae un guante de látex y se lo enfunda.
Luis le mira sin comprender.

                                    LUIS
Qué... qué haces... ¿Me estás escuchando? ¡Creo que han matado a mi hermana!

                           ÓSCAR
¿Has dicho que te seguían, no?

Luis asiente con la cabeza.

                                    ÓSCAR
Pues entonces deja de gritar y cierra la puta boca.

De su pechera, extrae una varilla aparentemente de plástico, similar a los test de embarazo, cubierto con una funda de plástico transparente. La deja caer al interior del agujero.
Luis parece reconocerla al instante. Retrocede asustado hasta que la pared le detiene.

                                    LUIS
Oye, espera, espera. ¿Quieres más armas? Conozco a un militar que tiene un montón de ellas, puedo llevarte hasta él. No tiene pérdida, tengo un mapa.

Óscar permanece impasible en lo alto del hoyo.

                                    LUIS
Vive solo en una especie de bunker... tiene un arsenal y comida y...

                                    ÓSCAR
Haz el test... y según lo que diga hablaremos o no de tu amigo.

                                    LUIS
          Venga hombre, no es necesario. Estoy bien.

Luis fuerza una sonrisa nerviosa de dientes amarillos que no beneficia en nada a su argumento.

Óscar levanta de nuevo el fusil, apuntándole con la flecha del arpón.
Luis se revuelve y se agacha a recoger el test entre asustado y cabreado.

                                     LUIS
          ¡Está bien cabrón de mierda!

Luis abre la funda transparente y extrae una varilla de plástico del interior con cabezal de algodón. Observa su famélico torso y las recientes heridas que lo cubren. Apoya la varilla en uno de los cortes y frota después el algodón con su sangre sobre la superficie de una pequeña placa plateada. La devuelve de nuevo a la funda y extiende el brazo hacia Óscar.

Óscar se aparta un poco y le indica con la mano que arroje el test fuera del agujero. Luis obedece.

Óscar lo recoge del suelo. Agita el test con cuidado y lo devuelve de nuevo al piso mientras espera paciente el resultado.
Luis no es tan sosegado y se revuelve en el hoyo.

                                    LUIS
          Sabes que no son fiables al cien por cien.

Óscar observa como la sangre roja del test se torna verdosa.

                                    ÓSCAR
          La sangre no miente.

                                    LUIS
          ¡Qué coño significa eso!

Óscar se incorpora y se lleva la mano al bolsillo del pantalón.

                                   LUIS
¡Eh, eh, vamos, que has querido decir! ¿Es azul verdad?

Luis se desespera, no consigue ver nada desde su esclava posición e intenta escalar sin éxito la pared.
Óscar avanza hasta el borde del agujero.
Luis observa la pequeña lata de metal, no mayor que una petaca, que Óscar sujeta en una de sus manos y el fuerte olor que desprende. Una expresión de creciente terror se dibuja en su rostro.

Óscar lanza de una patada el test de vuelta al agujero y abre la lata de gasolina para mecheros. El líquido empapa el rostro y el cuerpo diezmado de Luis, que se revuelve incapaz hasta adoptar una postura fetal, dejándose caer sobre el muro de tierra.

                                    LUIS
                               (gimoteando)
¡Por favor no... por el amor de Dios!

Óscar abre una caja de cerillas y enciende una. Tras la máscara de oxígeno iluminada por la llama, observa durante un breve momento el doblado cuerpo de Luis gimotear un padre nuestro.
Óscar niega con la cabeza y deja caer la cerilla en el agujero. Luis prende con rapidez. Se levanta y se golpea una y otra vez contra la pared de tierra mientras grita sin control.

Óscar desvía ligeramente la vista hacia una de las ventanas recubiertas de gruesas varillas de acero en forma de cruz. Sujeta el fusil con firmeza y dispara.

El arpón atraviesa el pecho ardiendo de Luis y lo clava en la pared mientras su cuerpo sigue consumiéndose por las llamas, dando fin a sus sonoros lamentos.
Óscar le da la espalda al hoyo. Agarra una linterna del bolsillo y la enciende. Ilumina el suelo.

No tarda en vislumbrar varias gotas de sangre que recorren el suelo y se pierden al doblar el pasillo.
Óscar echa mano de nuevo de la gasolina y suelta con tino varias gotas sobre la sangre que ha ido dejando Luis, después prende la gasolina con una cerilla.
Con cada gota de sangre repite la misma operación.


6-INT-DESPACHO HOSPITAL-NOCHE

Óscar continúa quemando las gotas de sangre y siguiendo el rastro hasta encontrar la pequeña grieta en la pared. Rocía con gasolina la hendidura del muro y la prende. El fuego quema con rapidez la sangre y con ella la enfermedad.

Óscar se incorpora y observa a su alrededor. Se desprende del fusil de pesca y empuja con esfuerzo un pesado armario de metal hasta cubrir la pequeña grieta.

Óscar se despoja al fin de la máscara de gas y muestra un rostro de tez blanca, de facciones duras y gesto apático bajo una fina y canosa barba.


7-INT-COMEDOR HOSPITAL-NOCHE

Óscar entra en una gran sala que presenta un aspecto impoluto, muy limpia y ordenada. Es el comedor del edificio.
Numerosas mesas y sillas de metal ocupan la mayor parte del habitáculo y al fondo la cocina con la barra.

Óscar cierra la puerta con llave y la asegura con los pasadores. Después la atranca con una gruesa varilla de metal.
Al lado de la puerta hay una litera bajo la ventana y dos más algo más abajo, también bajo las ventanas. Junto a la puerta hay un armario, Óscar lo abre sin llave; hay como una decena de armas blancas en su interior: dos hachas, cuchillos de carnicero y navajas.
En el estante superior; un par de máscaras de gas, linternas, abundantes cajas de pilas sin abrir y tres lámparas de camping gas y numerosas velas.
La última balda está abarrotada de productos sanitarios como vendas, jeringuillas, instrumental quirúrgico, guantes de látex, grapas y sobre todo test de verificación de “La Parca”. 

Óscar deposita en el armario el fusil y la máscara de gas, aunque no el cuchillo y el revólver.
La mirada de Óscar se topa con una fotografía de él con gesto afable que adorna el interior de la puerta. Junto a Óscar, una adolescente con el brazo estirado, sujeta lo que se intuye un móvil mientras dibuja una amplia sonrisa.
Óscar entristece el gesto y acaricia con las yemas de los dedos el rostro de la niña antes de recoger un plateado candelabro y prender las velas.

Se acerca hasta otro armario; dentro hay comida enlatada, no mucha, apenas dos baldas de las ocho que tiene el armario, con potitos, latas de melocotón y piña en almíbar y potajes varios. Escoge una de albóndigas con guisantes y recorre la estancia hasta alcanzar una pequeña mesa donde descansa una pila de bandejas de aluminio color plata y numerosos cubiertos del mismo material. 

Sujeta una bandeja y un tenedor. Se sienta y vacía la lata en la bandeja sin calentarla.

Óscar limpia la bandeja y el cubierto en un cubo con agua. Las seca con un paño limpio y las devuelve a la mesa.
Recorre el comedor con el candelabro en la mano y se cerciora de que la única entrada esté cerrada.

Óscar permanece sentado frente a la mesa más cercana al armario, dándole la espalda. Limpia el tambor del revólver con una varilla de algodón. Después, introduce una bala en el tambor, lo hace rodar y con un rápido movimiento de muñeca, lo cierra. Observa el arma entre sus manos.
Con gesto desolado pero decidido, acomoda el cañón bajo su gaznate. Acciona el gatillo y suena un clic. Se aparta el arma de la cara y recarga el arma con el resto de la munición mientras unas tímidas lágrimas comienzan a brotar de su rostro. Se levanta y guarda el revólver en su funda.

Se acerca hasta una de las literas y la mira como decidiendo donde quiere dormir.
Finalmente se decide por la de arriba. Se quita las botas y la chaqueta. Se sienta sobre el colchón y guarda el revólver bajo la almohada tras comprobar que lleva el seguro puesto. Apaga las velas de un soplido y se tiende sobre el colchón. Ladea la cabeza hacia la ventana.

Observa un cielo hermoso lleno de estrellas... La aparente quietud no le dura mucho. Se escuchan gritos cortados por los ladridos de un perro desde el exterior.
Óscar se da la vuelta, dando la espalda a la ventana de reja, a unos tres pisos de altura e intenta conciliar el sueño.


8-INT-CUARTO DE BAÑO-NOCHE-FLASHBACK

De rodillas sobre las frías baldosas, una adolescente vomita con esfuerzo en el váter.
Se incorpora levemente y clava su vista en la puerta. Es la misma niña de la fotografía de Óscar. Su rostro muestra una mirada débil, le han salido yagas en las comisuras de los labios y le sangran las encías.

                                    ANA
         ¿Papá?... ¿Ayúdame papá?


9-EXT-PATIO HOSPITAL-DÍA

La mano de Óscar arranca un tomate de un feo color grana de la tomatera y lo sopesa.
Cierra el puño y sin esfuerzo el tomate estalla como un globo lleno de agua.  

Óscar se incorpora y se limpia la mano con un trapo, asqueado por el desagradable olor que desprende. Observa el huerto urbano rodeado por los pabellones del edificio. Se pasea por la maltrecha huerta; tiene plantados tomates, lechugas, cebollas... Óscar se detiene en seco; junto a una de las plantas sorprende a una rata devorar el fruto de la mata.

Con furia recoge una piedra del suelo mientras con la otra mano desenfunda el revólver. Duda. Se decide finalmente por la piedra y la lanza. Ésta impacta próxima al animal, sin dañarle, pero lo bastante cerca como para ahuyentarla. Encañona a la rata en su huida pero desiste y baja los brazos con desánimo.

En una de las ventanas del último piso, una cortina se oscila ligeramente.


10-INT-SÓTANO/CORREDOR HOSPITAL-DÍA

El cuerpo grisáceo y encorvado de Luis permanece clavado en la pared del agujero trampa del corredor. En su rostro quemado aún puede apreciarse una expresión de tormento que Óscar observa desde lo alto del hoyo. En una mano sostiene una bolsa negra y en la otra una pala.

Óscar se cubre el rostro con la máscara de oxígeno y baja al agujero con ayuda de una pequeña escalera. Deja la bolsa abierta en el suelo. Con ambas manos sujeta el arpón y lo desprende de la pared.

Ya en el suelo, con el pico de la pala golpea el cuerpo inerte de Luis a la altura del cuello; al segundo intento la cabeza se separa del tronco. La recoge con la pala y la deposita en el interior de la bolsa.
Vuelve sobre el cuerpo quemado para repetir la misma operación con el brazo de Luis, pero un leve destello dorado detiene por un momento su tarea. Óscar fija su mirada en el crucifijo.
                                                   
Una vez fuera del agujero, Óscar extiende la alfombra hasta cubrir totalmente el boquete del piso, dejando la trampa de nuevo instalada. Sujeta la pala con una mano y con la otra arrastra por el suelo la bolsa negra cerrada con los restos calcinados de Luis en su interior.


11-INT-COMEDOR HOSPITAL-NOCHE

Óscar cena de comida enlatada.

Óscar limpia el tambor del revólver con la varilla de algodón. Introduce una bala en el tambor, lo hace rodar y con un rápido movimiento de muñeca, lo cierra. Observa el arma entre sus manos.
Acomoda el cañón bajo su gaznate cuando un estridente ruido le interrumpe la tarea.

Baja el arma con sigilo y presta atención... El ruido vuelve a repetirse; es un golpe seco y suena más contundente y cercano que el anterior.

Óscar se levanta como un resorte y recoge el resto de balas con la mano. Se dirige raudo y decidido hacia el armario y agarra el fusil de pesca y la máscara de gas.


12-INT-SÓTANO/CORREDOR HOSPITAL-NOCHE

Óscar tantea el pasillo del pabellón con cautela. Lleva la máscara de gas puesta.
Un eco de pisadas y murmullos suenan en la planta baja.

Óscar recorre los escalones y baja con sigilo hasta adentrase en un oscuro corredor. El sonido de unos pasos lo altera tras él y se da la vuelta con virulencia.

Vislumbra dos siluetas, una notablemente más baja que la otra y sin pensárselo dos veces dispara... El arpón sale disparado y recorre el oscuro pasillo.
La silueta más grande arrastra al suelo a la más pequeña y ambas caen al suelo.
Óscar enciende y encara la linterna hacia las siluetas mientras se acerca con cautela.
El haz de luz ilumina un rostro de mujer, rubia, de tez pálida. Junto a ella, una adolescente de unos doce años, de piel mucho más morena. Ambas presentan un aspecto sucio y algo demacrado, pero de mejor porte que el que evidenciaba Luis.

Óscar recorre con la luz el cuerpo de la mujer. Se detiene en su pierna. La punta del arpón le ha rasgado el pantalón abriendo una herida que ha empezado a sangrar.
Óscar recula asustado por una posible infección. Deja caer el fúsil de pesca y desenfunda el revólver.
La muchacha se levanta y se interpone entre los dos. Óscar la encañona.

                                    ÓSCAR
         ¡Aparta niña!

FÁTIMA (12) guarda silencio, pero no se mueve ni un ápice.  
La repentina determinación de la muchacha descoloca en un principio a Óscar, que duda un instante.
La mujer habla desde el suelo.

                                    DIANA
Fátima, échate a un lado para que pueda hablar con él.

Fátima duda, pero le basta echar un vistazo atrás y observar el semblante confiado de Diana para obedecer. Fátima recula y se arrodilla junto a ella, interesándose por su herida.

                                    ÓSCAR
         ¡Cómo coño habéis entrado!
        
                                    DIANA
Detrás de un contenedor había un agujero en la pared. Hicimos el agujero más grande y con ayuda de unas barras de acero empujamos un mueble que lo tapaba. Te pido perdón si te hemos asustado.
    
                           ÓSCAR
¿Os han seguido?

                           DIANA
No hemos visto a nadie. Sólo viajamos de noche.

Óscar guarda silencio. Sin dejar de apuntarlas, se lleva una mano al bolsillo de su pechera y extrae dos test de “La Parca”. Los deja en el suelo y los empuja con la bota hacia ellas.

Fátima los recoge del suelo y tantea con la mirada a Diana que asiente con la cabeza. La muchacha saca del bolsillo del pantalón una navaja mariposa. Óscar endereza el gesto ante la repentina aparición del arma.

Fátima extiende la palma de la mano y abre la navaja. Con determinación se corta levemente y deposita unas gotas de su sangre sobre el test. Lo cierra y lo agita antes de dejarlo de nuevo en el suelo.
Diana estira la pierna herida para que Fátima repita la misma acción con su sangre.

Los tres aguardan en silencio la respuesta del test.

Fátima aprovecha para limpiar la hoja de la navaja y devolverla al bolsillo. Se quita el pañuelo que cubre su cabeza e improvisa un ortodoxo vendaje sobre la pierna de Diana.
Óscar se arrodilla frente a los dos test.

Una vez ha comprobado el resultado, se incorpora y los destroza de un sonoro pisotón. Se quita la máscara de gas y muestra su frio semblante.

                           ÓSCAR
Aquí no os podéis quedar.

                           FÁTIMA
Eso tendrías que haberlo pensado antes de disparar.

Óscar se sorprende ante el descaro de la muchacha.

                           ÓSCAR
Niña, eso es lo que suele pasar cuando te cuelas en casa ajena.

Fátima se dispone a replicar. A pesar de su corta edad no le pierde la cara a Óscar, pero Diana posa una mano sobre su hombro y el efecto es inmediato.

Fátima se muerde la lengua e inclina levemente la cabeza.

                                    DIANA
Sólo esta noche por favor, para que pueda coserme la herida y vendarla como es debido.

Óscar duda. Su mirada recorre el semblante enrabietado y receloso de la niña a una mirada más cálida y amable por parte de la mujer.

Diana agarra su mochila y la lanza junto a los pies de Óscar.
  
                                    DIANA
Tal vez encuentres ahí algo que bien pueda valer por una noche.

Fátima esboza en su rostro una expresión de desacuerdo, pero guarda respetuoso silencio.

Óscar se arrodilla junto a la bolsa y la abre.
Rebusca en su interior sin sacar nada. Por su apático semblante resulta difícil saber si ha encontrado algo que haya despertado su interés.

Finalmente se detiene y una expresión de asombro, que intenta disimular sin éxito, se dibuja en su rostro. Extrae una bolsa de semillas.

                                    ÓSCAR
          Dónde las encontrasteis.

                                    DIANA
No las encontré, ya eran mías.

Óscar se incorpora. De una poca sutil patada, lanza de nuevo la mochila a los pies de Diana mientras se guarda las semillas en uno de los bolsillos.

                                    ÓSCAR
Una noche... Si tocáis algo sin que os de permiso, dormiréis al raso.

Óscar les da la espalda y comienza a caminar por el corredor.

Fátima ayuda a Diana a levantarse como buenamente puede ante la indiferencia de Óscar.


13A-INT-COMEDOR HOSPITAL-NOCHE

Fátima apoya a Diana en una de las pulcras mesas ante la crítica mirada de Óscar, que se mantiene a distancia.
Diana acomoda la mochila sobre una silla y extrae una caja de zapatos.

                                    DIANA
           ¿Podrás hacerlo?

Fátima asiente con decisión y abre la caja.
Recoge una petaca de güisqui y empaña un trozo de tela con  la que limpia la herida. Diana sujeta el trapo mientras Fátima enhebra una aguja con hilo de coser. Llama la atención que el hilo sea de un llamativo color verde.

                                    DIANA
           ¿Lista?

Fátima le muestra el hilo y la aguja mientras con un mechero calienta la punta plateada.
Diana retira el paño y Fátima hunde la aguja en la carne.
Diana se aferra a la mesa con fuerza y aprieta los dientes.

Óscar las observa desde la distancia, con aparente desidia.

                                              
13B-INT-COMEDOR HOSPITAL-NOCHE

Óscar limpia la sangre de la mesa con Glasex y una bayeta.
Oye susurros a su espalda.
Su cuerpo se endereza con repentina rigidez y se da la vuelta hacia las literas visiblemente enfado.

Diana está sentada en una de las literas, frente a ella permanece arrodillada Fátima. Mientras la muchacha reza el azalá, recitando pasajes del Corán, Diana entona un Padre Nuestro.

                                    ÓSCAR
          ¡EH...EH!

Óscar se acerca severo e interrumpe sus plegarias.

                                    ÓSCAR
          ¡Aquí no se reza!

Fátima se levanta algo asustada por la repentina y brusca interrupción de Óscar y se sienta junto a Diana.         

                                    ÓSCAR
¡Si queréis rezar lo haréis fuera, junto con vuestra puta guerra santa!

Fátima cruza una mirada de incredulidad con Diana, que observa alarmada la intransigencia de Óscar y comprende que nada va hacerle cambiar de opinión.

                           DIANA
Está bien... Fátima acuéstate, rezaremos en silencio.

Fátima obedece y se dispone a subir a la litera de arriba cuando Óscar la sujeta del brazo con escaso tacto y la obliga a bajar.

                                    ÓSCAR
          Aquí no, en la otra.

Óscar le señala la litera del fondo, la más alejada de la puerta principal.

                                    FÁTIMA
         ¿Por qué? Quiero estar con ella.

                                    ÓSCAR
Y yo quiero que para variar dejes de replicar... Dame tu navaja.

Fátima reacciona apartándose de él con notable enfado.

                           FÁTIMA
¡Y una mierda!

                           DIANA
Fátima.

                           FÁTIMA
¡Qué no, no se la doy! No me fio de él.

                           DIANA
Ya lo sé, pero tampoco él se fía de nosotras.

                           ÓSCAR
Te devolveré tu mierda navaja mañana, cuando os vayáis, si así consigo que te calles.

Fátima mira una vez más a Diana.              

                           DIANA
Si hubiese querido hacernos daño, lo habría hecho en el pasillo.

Fátima, con visible enfado, se lleva la mano al bolsillo y muestra la navaja. Óscar, prácticamente, se la quita de las manos.

                                    ÓSCAR
Niña si tienes que ir al baño hazlo ahora, porque como te oiga caminar por la noche, igual te pego un tiro.
    
                          FÁTIMA
Me llamo Fátima, no “Niña”.

                          ÓSCAR
Me importa tres pares de cojones como te llames. ¿Quieres mear o no?

Fátima no contesta, pero le da la espalda y se acerca a su litera.

Óscar se guarda la navaja en el bolsillo. Su mirada se cruza con la de Diana.

                                    DIANA
Gracias por dejar que nos quedemos esta noche.

Óscar le dedica una mirada nada amigable.

                                    ÓSCAR
Casi te parto en dos con el arpón y aun así me das las gracias... No me fio un pelo de vosotras.

Diana no muestra agravio por el comentario, pero le aguanta la mirada. Óscar apaga la luz del candelabro de un soplido.


13C-INT-COMEDOR HOSPITAL-NOCHE

Diana duerme plácidamente cuando una mano se posa sobre su rostro y le tapa la boca.
La mujer se sobresalta y la hoja plateada de un cuchillo se posa sobre su mejilla. Diana ladea la vista asustada y contempla el frio rostro de Óscar.

                                    ÓSCAR
¿Prefieres que me cambie a la litera de la niña?... A mí me da igual.

Óscar observa en silencio el semblante de Diana, que finalmente niega temerosa con la cabeza.
Óscar aparta la mano de su cara con lentitud. Al comprobar la desidia y el silencio de la mujer, ladea su cuerpo para que le dé la espalda e introduce el cuerpo entero en la litera.
Aparta el cuchillo y lo posa sobre el vientre de Diana. Cubre a ambos con la sábana.
Diana apoya las manos sobre la pared y cierra los ojos.

  
14A-INT-COMEDOR HOSPITAL-DÍA

Óscar, sentado frente a una de las mesas, engulle de un bocado una rodaja de melocotón en almíbar.

Fátima se acerca y se sienta en silencio frente a él. Observa con gula el trayecto que recorre la siguiente rodaja de melocotón hasta perderse en la boca de Óscar, que se humedece con avidez los labios de manera espontánea.

Óscar intenta ignorar a la niña. Se ladea sobre la silla y  su mirada se encuentra con la silueta de Diana tendida en la litera, dándole la espalda. Parece que aún duerme.

Fátima acerca un poco más la silla a la mesa. Clava los codos en ella y, en silencio, le mantiene la mirada.
La paciencia de Óscar no da para más.

                                    ÓSCAR
         ¿Qué coño estás mirando niña?
    
                                    FÁTIMA
         Que no me llamo niña, me...

                                    ÓSCAR
                               (la interrumpe)
         Me importa tres pa...

Ahora es Fátima quien le interrumpe e intenta imitar con desaire la voz grave de Óscar.

                                    FÁTIMA
“Tres pares de cojones como te llames”... Lo sé, te repites más que el ajo.

                          ÓSCAR
 ¿Por qué no te vas a molestar a tu madre?

                          FÁTIMA
Diana no es mi madre.

La apreciación no sorprende a Óscar.

                                    ÓSCAR
          ¿Sois tortilleras o algo así?

                                    FÁTIMA
          ¿Eres gilipollas?

                                    ÓSCAR
Cuida ese lenguaje conmigo o te rociaré esa boca con guindillas.

                                    FÁTIMA
          Dudo mucho que tengas guindillas.

                                    ÓSCAR
Cierto, pero algo de lejía sí que me queda.

Fátima le tantea con la mirada para ver si habla en serio.
La fría mirada que le dedica Óscar asusta a la muchacha, que vuelve a guardar silencio y se centra en la lata de melocotón en almíbar.

                                    ÓSCAR
Si no es tu madre por qué cojones carga contigo.

                                    FÁTIMA
          No carga conmigo, viajamos juntas.

Óscar observa de soslayo a Diana, que se ladea despacio sobre el colchón y cruza una mirada con él.
Se incorpora y se sienta en la litera con cuidado de su pierna herida.
Óscar aparta incómodo la vista y se centra de nuevo en Fátima.

                                    ÓSCAR
          ¿Si tú lo dices?

                                    FÁTIMA
          ¿Por qué eres tan borde?

                                    ÓSCAR
Niña, me estás provocando un dolor de cabeza enorme.

Fátima se dispone a replicar, pero Diana llama su atención desde la litera.

                                    DIANA
Fátima, ¿puedes venir por favor? Necesito que me ayudes a cambiar el vendaje.

                          ÓSCAR
                      (con sarna)
Ve niña, mamá te llama.

Óscar levanta con el tenedor la última rodaja de melocotón y la engulle con gula, sin dejar de mirarla.

                                    DIANA
          Fátima... por favor.

Fátima por fin se levanta y observa como Óscar sorbe el líquido de la lata con intencionada sonoridad.
                       
Fátima se muerde la lengua y se acerca hasta Diana.
Se arrodilla junto a ella.
Fátima aparta la sábana y tantea la herida.

                                    FÁTIMA
         No ha cambiado de color, eso es bueno.

                                    DIANA
         No quiero que te acerques a él.

                                    FÁTIMA
         Bah, es un capullo.

                                    DIANA
         Lo digo en serio Fátima.

Óscar arrastra con sonoridad la silla hacia atrás. Se levanta y se acerca con cierta apatía hasta las dos.

                                    ÓSCAR
Tengo que salir.

                                    DIANA
¿Podrías darnos un poco de agua? No hemos bebido nada desde ayer.

Óscar duda.
Finalmente se aparta de ellas y camina hasta uno de los armarios.

Cuando regresa con ellas lo hace con una botella de agua de medio litro con un ligero color ocre. Se la tiende a Diana que esboza una esforzada sonrisa, extiende la mano y la recoge. Óscar aprovecha para sujetarle la mano con fuerza y cerrar uno de los grilletes sobre su muñeca.
Estira con violencia, obligando a Diana a tenderse de nuevo sobre el colchón. Óscar cierra el otro grillete sobre la barra de metal de la litera.

                                    FÁTIMA
          ¡Qué coño haces!

                                    ÓSCAR
          Ven aquí.

                                    DIANA
Puedes irte tranquilo, no vamos a robarte.

Óscar ignora el comentario e insiste con Fátima. Saca otro juego de esposas.

                                    ÓSCAR
          Que vengas he dicho.

Fátima retrocede asustada.

                                    FÁTIMA
          No.

                                    ÓSCAR
Joder, tendría que haberte esposado a ti primero.

Óscar estira de la cadena de las esposas y Diana se golpea el hombro con virulencia contra la barra de metal, tanto que la litera se agita con estruendo. Diana grita y se lleva la mano libre sobre el hombro dolorido.

                                    ÓSCAR
Niña si he de volver a repetírtelo, tu novia además de coja, se quedará manca.

El rostro de Diana se contrae a causa del dolor y sus ojos se enrojecen. La brutal embestida le ha hecho evidente daño.
Fátima observa apenada el semblante de Diana y se acerca con cautela.
Óscar alarga el brazo y tira de ella con escaso tacto. Cierra la argolla sobre la muñeca de la joven y la deja caer junto a Diana, cerrando la otra argolla alrededor de la barra. Después aparta la botella de agua del suelo de una patada, lejos de la litera.

                                    DIANA
         Esto es innecesario.

Óscar la ignora una vez más y se prepara para salir.
Recoge la mochila, el fusil de pesca, la máscara de gas y varios test de la “Parca”.
Abre la puerta.

                                    FÁTIMA
         ¡Y qué pasa si no vuelves!

Óscar se da la vuelta y clava su mirada en la niña.

                                    FÁTIMA
¿Y si te matan ahí fuera?... No es que me importe, pero podría pasar.

                           ÓSCAR
Entonces os doy permiso para rezar. Si no están muy ocupados, tal vez alguno de vuestros dioses os ayuden.

Óscar finalmente sale del comedor, cerrando la puerta tras de sí, dejando a ambas encadenadas a la litera.


14B-INT-COMEDOR HOSPITAL-DÍA

Fátima intenta sin éxito desprenderse de las cadenas.

                                    DIANA
          Déjalo Fátima, te harás daño.

                                    FÁTIMA
Si te levantas, igual podemos volcar la litera.

                                    DIANA
Pesa demasiado, sólo conseguiría que se me saltasen los puntos.

                           FÁTIMA
                      (muy nerviosa)
¿Y entonces qué hacemos?
        
                                     DIANA
Nada... No te preocupes, volverá.

                                     FÁTIMA
Yo no quiero que vuelva... Es un animal.

                           DIANA
Tiene comida... y agua.

                           FÁTIMA
Me habías dicho que no me acercara.

                           DIANA
Y no quiero que lo hagas. Yo hablaré con él.

                           FÁTIMA
No nos dejará quedarnos por la cara.

                           DIANA
Yo me ocuparé de eso, tú siéntate. Cuanto más te esfuerces, más sed tendrás.

Fátima duda, pero el semblante sereno de Diana la tranquiliza lo suficiente como para dejar de intentar desprenderse de los grilletes y sentarse junto a ella.
Diana la rodea con el brazo y la atrae hacia sí.

                                    DIANA
Este es un sitio seguro.

Una serie de repentinos y estridentes golpes resuenan con fuerza.
Diana levanta la vista y la clava en el techo mientras Fátima se levanta asustada e imita el gesto de Diana.      

Tras un tenso silencio los golpes reinciden, pero esta vez vienen acompañados de escalofriantes alaridos que hielan la sangre.
Fátima busca cobijo en Diana.

                                    FÁTIMA
         ¡Hay alguien arriba!

                                    DIANA
          Shhh, silencio.

                                    FÁTIMA
          ¿Y si llegan hasta aquí?

                                    DIANA
No creo que puedan entrar.

Fátima se aferra a Diana y cierra los ojos con fuerza, mientras los ruidos y los bramidos continúan.

                                                          FUNDIDO A:

Diana permanece reclinada en la litera. Fátima se ha quedado dormida con la cabeza apoyada en su pecho.
El ruido tras la puerta la desvela y se incorpora asustada.
Ambas clavan sus miradas azaradas en la entrada.

Óscar empuja la puerta. Sobre el hombro carga con un saco de cemento y varias varillas de acero bajo el brazo. Lo deja caer todo con estruendo en el suelo y cierra la puerta tras de sí.

                                    FÁTIMA
         No hagas ruido, hay alguien arriba.

                                    ÓSCAR
         Cállate niña. No hay nadie arriba.

                                    FÁTIMA
         Les hemos oído, ¿verdad que sí?

Fátima busca con la mirada el apoyo de Diana.

                                    DIANA
Tiene razón, hemos escuchado golpes y gritos.

                          ÓSCAR
No habéis oído una mierda. Tenéis hambre y sed, eso es todo.

Óscar se acerca hasta Fátima, que recula asustada todo lo que la cadena del grillete le permite.
  
                                    ÓSCAR
¿Quieres estar encadenada todo el santo día? Porque a mí me da igual.

Fátima vuelve a buscar con la mirada a Diana, que asiente con la cabeza. Fátima estira el brazo.

                                    ÓSCAR
Vas a venir conmigo, necesito que me ayudes.

El comentario de Óscar preocupa a Diana, que se incorpora con dolorosa rapidez.

                                    DIANA
¡Espera!... Sea lo que sea yo puedo ayudarte.

Óscar la ignora. Desliga a Fátima de las esposas y observa de soslayo la pierna vendada de Diana.

                                    ÓSCAR
         No, no puedes.
    
Óscar señala con la cabeza la barra de la cocina.

                                    ÓSCAR
                               (a Fátima)
         Coge ese cubo de agua sucia y ven conmigo.

                                    FÁTIMA
¿Y Diana?

                                    ÓSCAR
La desataré cuando volvamos... Y si eres capaz de hacer lo que te diga sin replicar, os daré algo para comer.

Fátima obedece ante la promesa de alimento y se acerca hasta la barra a recoger el cubo con agua, dando así la espalda a Diana, que da un esforzado paso y sujeta la muñeca de Óscar.
Le susurra al oído con convicción.

                                    DIANA
         Si la tocas te juro que te mataré.

Óscar permanece impávido ante la amenaza y clava en silencio su fría mirada en ella.

Fátima regresa y se sorprende por la proximidad de ambos. Diana suelta despacio la muñeca de Óscar, que desvía su atención hacia la muchacha.
Diana relaja el gesto para tranquilizar a Fátima y observa con impotencia como Óscar recoge el saco de cemento y las varillas del suelo.
Fátima sale con él del comedor.


15-INT-DESPACHO HOSPITAL-ATARDECER

Óscar remueve con las manos el cemento sobre una espuerta. Con un leve gesto le pide a Fátima que vierta un poco más de agua sobre la espuerta. A Óscar se le antoja poco y así se lo hace saber.
    
                                    ÓSCAR
         Niña, ¿te he dicho yo que pares?

Fátima obedece y vuelca despacio más agua sobre la pasta.

                                    FÁTIMA
         ¿De dónde sacas el agua?

                                    ÓSCAR
         ¡Para!

Fátima levanta el cubo y lo deja en el suelo.
Mientras Óscar continúa amasando el cemento, Fátima se arrodilla junto al cubo y sorbe con las manos un poco de agua sucia.
Óscar la sorprende. Se levanta enojado y patea el cubo.
Agua y Fátima se desparraman por el suelo.

                                    ÓSCAR
         ¡Qué cojones haces!
  
                                    FÁTIMA
                               (desde el suelo)
         ¡Tengo sed!

                                    ÓSCAR
¿Quieres coger una infección? Esa agua está sucia... ¡Niñata estúpida!

Fátima no contesta. Sentada en el suelo, apoya las rodillas en el pecho y baja la vista, mostrándose como la niña que es.
Óscar observa su lucha por evitar el llanto, ocultando el rostro tras sus piernas.

                                    ÓSCAR
No me llores coño... Levanta ese huesudo culo del suelo y pásame una varilla.

Fátima se incorpora un tanto avergonzada y obedece en silencio.
Óscar acerca la espuerta de cemento al agujero de la pared donde hay ya varias regatas echas y Fátima le tiende la varilla.

Óscar cruza una mirada con ella y por primera vez muestra algo de humanidad.

                                    ÓSCAR
Hay un pozo en el patio, así es como consigo el agua. Cuando acabemos aquí podrás beber hasta que te pegue un empacho si quieres.

Fátima endereza un poco el gesto y asiente con la cabeza.
Óscar coloca la varilla que tiene en la mano en la regata de la pared y la adhiera con la ayuda del cemento.
Fátima se acerca con el resto de las barras de acero.

                                    ÓSCAR
          Sujeta aquí.

Óscar comienza a unir las varillas a la pared dándoles forma de cruces con tal de imposibilitar que alguien pase entre los huecos.

                                    ÓSCAR
Esto empieza a parecerse a una puta autopista.     

                                    FÁTIMA
¿Dejarás que nos quedemos?

                                    ÓSCAR
Por qué iba a hacerlo.

                                    FÁTIMA
Podemos ayudarte.

                                    ÓSCAR
No me habéis dado más que problemas.

                                    FÁTIMA
¿No te gustaría tener compañía, alguien con quien  hablar?

                                    ÓSCAR
Más vale solo que mal acompañado. ¿No conoces ese dicho?

Óscar recoge un poco más de cemento de la espuerta ante el silencio de la muchacha y llena la regata con él.
                  

16A-INT-COMEDOR HOSPITAL-NOCHE

Los tres están sentados alrededor de una de las mesas de metal, otra distinta a la que Óscar suele utilizar. Diana con la pierna estirada y un vendaje limpio cubriendo su herida, Fátima a su lado.
Óscar permanece enfrente, observando en silencio como Diana y Fátima engullen la comida con voracidad, especialmente la niña.
Fátima levanta una taza con agua y se la lleva a la boca, comiendo a dos carrillos.

Óscar levanta la vista hacia una de las ventanas donde puede apreciarse la caída de la noche.

                                    ÓSCAR
Por la mañana os iréis, esas semillas no valen tanto.

Diana cruza una mirada con Fátima, que la mira con preocupación, incapaz de articular palabra alguna con la boca llena.
Diana sonríe, restándole importancia al comentario de Óscar y le pasa la mano por el pelo, apartándoselo de la cara.

                                    DIANA
         No te preocupes, la pierna ya está mejor.

Diana vuelve a desviar su atención hacia Óscar.

                                    DIANA
         Aún no nos has dicho cómo te llamas.

                                    ÓSCAR
         No veo por qué tendría que hacerlo.

                                    DIANA
         Nos gustaría darte las gracias.

Óscar observa con frialdad a Diana. Duda de su sinceridad.

                                    ÓSCAR
         Para eso no necesitas saber mi nombre.

                                    DIANA
         No, pero estaría bien saberlo.

Óscar mira de reojo a Fátima, que fuerza una simpática mueca parecida a una sonrisa. Al hacerlo, los granos de arroz le sobresalen de la comisura de los labios.

                                    ÓSCAR
         Óscar... ¿Os callareis ahora?

                                    DIANA
         Gracias Óscar.

                                    FÁTIMA
         Gracias Óscar.    

                                    ÓSCAR
         Sí, claro.

Óscar se levanta, esforzándose por mostrar apatía.

                                    ÓSCAR
         Lavad al menos los platos cuando terminéis.
    
Fátima extiende el brazo y se lleva los dedos a la sien, imitando el saludo militar.
El espontáneo gesto provoca una sonrisa en Diana. No en cambio en Óscar, que mueve la cabeza como si estuviese ante un caso perdido y les da la espalda, acercándose a su litera.


16B-INT-COMEDOR HOSPITAL-NOCHE

A oscuras, Diana se revuelve en la litera. Le duele la pierna y no encuentra una postura que le resulte cómoda.

Al darse la vuelta, se topa con una silueta que permanece de pie, inmóvil frente a ella. En la mano sujeta un cuchillo que empuña con cierto nerviosismo.

Diana desvía la vista de la hoja y clava su mirada en Óscar, que continúa impasible frente a ella, vacilante incluso.
Diana levanta la manta y se pega a la pared para hacerle sitio en la litera.
                  
                                                     FUNDIDO A NEGRO
                       
Sobre negro:

                                    ANA
                               (voz)
         ¿Papá?


17-INT-CUARTO DE BAÑO/PASILLO-NOCHE-FLASHBACK

Ana permanece de rodillas junto al váter, pero su atención está en el marco de la puerta.
Óscar la observa con lágrimas en los ojos.

                                    ANA
         ¿Qué me pasa papá?... Duele mucho.

Ana se levanta con esfuerzo e intenta acercase a su padre.
Cuando más se acerca ella, más se separa él, hasta que Óscar finalmente sale al pasillo. Con pesar, cierra la puerta antes de que Ana le dé alcance.


18-INT-COMEDOR HOSPITAL-DÍA

Diana se despierta. Despacio, se incorpora y se sienta en la litera. Observa a Óscar junto a los armarios rellenando su mochila con víveres.

Diana se levanta y camina con esfuerzo hacia él. Por el camino desvía la vista hacia atrás y examina la estancia en busca de Fátima. La encuentra aún en la litera, durmiendo.
Cuando llega a la altura de Óscar intenta hablar bajo para no despertarla.

                                    DIANA
         Buenos días.

Óscar, sin levantar la vista, empuja la mochila por la superficie de la mesa hacia ella. Después le da la espalda y se dirige hacia la puerta del armario.

Diana advierte la fotografía de Óscar junto a la niña antes de que cierre el armario.

                                    DIANA
         ¿Podemos hablar un momento?

Óscar contesta sin darse la vuelta.

                                    ÓSCAR
Os he dejado un par de latas y algo de agua.

Óscar se lleva la mano al bolsillo del pantalón y por fin se encara con ella.
Junto a la mochila deja la navaja mariposa.

                                    ÓSCAR
Devuélvele esto a la cría y dile que se tome la molestia de afilarla de vez en cuando.

                           DIANA
Quería preguntarte si nos dejarías quedarnos unos días más.

                           ÓSCAR
Ese no era el trato.

                           DIANA
Los tratos se pueden cambiar. Podríamos serte de ayuda.

                           ÓSCAR
No soy yo quien la necesita.

                           DIANA
Tienes razón. Oigo a ese perro ladrar por las noches, sé que los saqueadores están cerca. Con la pierna así, no tardarán en darnos caza.

                           ÓSCAR
Eso es algo que tendrías que haber pensado antes de colarte por el agujero.

Diana se acerca un poco más a él.

                           DIANA
Dejarías de estar sólo.

                           ÓSCAR
¿Y sí me canso de ti?

Óscar desvía la vista hacia Fátima, que yace dormida sobre la litera.
Diana responde con convicción.

                                    DIANA
Ayer me habría preocupado por eso, pero sé que no le harás daño.

Óscar intenta mostrarse indolente, aunque sin conseguirlo.

                           ÓSCAR
¿Por qué crees esa gilipollez?

                           DIANA
Creo que te recuerda a alguien.

Óscar recoge la mochila de la mesa con gesto enrabietado y la empuja sobre el pecho de Diana.

                                    ÓSCAR
Evita la carretera principal. Al norte, eso quiere decir a la izquierda por si no lo sabes, hay un camino de tierra que os llevará hasta una pequeña ciudad. Puede que allí encontréis refugio.

Óscar recoge de nuevo la navaja y se acerca hasta la litera de Fátima. La mueve bruscamente de una patada.
Fátima se despierta sobresaltada y mira asustada a su alrededor.

                                    ÓSCAR
         ¡Niña!... Hora de irse.

Óscar arroja la navaja sobre el colchón.

                                    ÓSCAR
Tienes cinco minutos para recoger tus cosas, sino se quedarán aquí.

Fátima cruza una mirada con Diana, que asiente con impotencia.


19-EXT-ENTRADA HOSPITAL/BOSQUE-DÍA

Óscar se acerca llave en mano a la enorme verja de la entrada, incrustada entre los altos muros del hospital.
Diana y Fátima le siguen a cierta distancia debido a la cojera de la mujer, que se apoya sobre el hombro de la niña.

Óscar abre la verja y desplaza ligeramente la pesada puerta por el rail. Después se da la vuelta y observa con gesto iracundo el lento caminar de ambas.

Antes de llegar a su altura, Fátima se detiene en seco obligando a Diana a hacer lo mismo. Ambas clavan su mirada tras la verja.
Óscar ve el miedo reflejado en sus miradas, que confunde con el hecho de tener que salir del hospital, hasta que un gruñido le obliga a darse la vuelta y toparse con la causa de su temor.

Un andrajoso dóberman exhibe sus sucios dientes a escasos metros de la verja.
Óscar mantiene la calma y lleva despacio la mano al tirador de la puerta. El perro ladra como si intuyera su intención e inicia una rápida y feroz carrera hacia él.

Antes de que pueda darle alcance, Óscar cierra la puerta con fuerza y el dóberman choca con violencia contra los barrotes de la puerta.
Óscar aprovecha que el perro está en el suelo para cerrarla con la llave primero y con el candado después. Retrocede con diligencia hasta la altura de Diana y Fátima.

El perro se levanta enrabietado y comienza a ladrar sin control. Un fuerte silbido que proviene del interior del bosque acalla al animal, que adopta una postura vigilante ante la puerta.

Óscar tantea con dificultad con la mirada el frondoso bosque que flanquea el hospital a través de los barrotes. Reacciona con rapidez. Aparta a Fátima de un empujón y levanta en volandas a Diana como si fuesen unos recién casados.

                                    ÓSCAR
                               (a Fátima)
         Corre.

Óscar inicia la carrera y Fátima le sigue de cerca.
Ante la imposibilidad de llegar hasta la puerta principal, Óscar se oculta tras una destartalada furgoneta, lanzándose al suelo. Diana cae con él, quejándose en silencio de su dolorida pierna.

Desde el suelo, tira de la muñeca de Fátima y la obliga a echarse al suelo con ellos. Se lleva el dedo a la altura de los labios y les ordena silencio. Con la otra mano desenfunda el revólver.
Desde su improvisado escondite, Óscar observa como dos hombres surgen de entre los árboles y se acercan a la altura del animal.
Con ellos llevan atada con una cadena que rodea su cuello, a una mujer joven, semidesnuda y muy desnutrida que al detenerse cae de rodillas al suelo fruto del agotamiento.

CARMELO (28) se acuclilla junto al animal y le acaricia el lomo. Su compañero JESÚS (33) le tiende la cadena para que sujete a MARÍA (23). Después se acerca a la verja.

Apoya las manos en los barrotes y sacude la puerta.
A pesar de la fuerte embestida, ésta apenas se mueve.
Óscar se percata del crucifijo de oro agarrado a su muñeca con una cadena del mismo color. Le resulta familiar.

                                    CARMELO
         ¿Está cerrada?

Jesús se da la vuelta, molesto.

                                    JESÚS
         No, la estoy sacudiendo por gusto.

                                    CARMELO
         Carbón ha visto algo, seguro.

Carmelo saca una galleta del bolsillo y se la tiende al animal.
María, nada más ver el alimento, se abalanza sobre la galleta, pero Carmelo cierra la mano antes de que le dé alcance y la aparta con un violento codazo.
La mujer cae al suelo y comienza a sollozar mientras Carmelo abre la mano y el perro come de ella.

                                    CARMELO
         Te digo que ha visto algo.

                                    JESÚS
Podrían ser sólo ratas, no sería la primera vez.

                                    CARMELO
Entonces qué hacemos. El hermano de ésta tiene que estar por alguna parte... y tiene el mapa.

Jesús sopesa la enorme puerta, el pesado candado y los gruesos barrotes. Observa marcas de pisadas en la tierra tras la verja. Retrocede un poco y contempla el vasto hospital.

                                    JESÚS
Es imposible que ese delgaducho se haya escondido aquí. El muro es demasiado alto para escalarlo y no pienso cruzar el bosque entero con una escalera para comprobarlo.

Carmelo capta el mensaje y se levanta. Tira de la cadena y obliga a María a levantarse también.

Los dos hombres le dan la espalda al edificio y se acercan de nuevo al bosque. Sin embargo, el perro, continúa postrado frente a la verja.
Carmelo, da un silbido para llamar su atención. El animal ladra y por fin se acerca a su amo.

Óscar vigila con recelo como se adentran en el bosque.
Con la mano extendida, indica a Diana y a Fátima que no se muevan aún.

                                    ÓSCAR
Nos quedaremos aquí un rato más. Podrían estar vigilando desde el bosque.

Diana apoya la espalda en una de las ruedas de la camioneta y extiende la pierna. La herida se le ha vuelto a abrir.
Fátima se acerca y abre la mochila en busca del botiquín.
Óscar las observa de soslayo. Su mirada se encuentra con la de Diana.


20A-INT-COMEDOR HOSPITAL-NOCHE

Óscar sostiene a Diana de la cintura y acarrea con ella hasta su litera. Fátima va detrás con la mochila de ambas.
Óscar la sienta con cuidado sobre el colchón.

                                    DIANA
Creí que nadie nos había seguido, lo siento.

                           ÓSCAR
Esos hombres no os buscaban a vosotras.

                           DIANA
¿Cómo estás tan seguro?

                           ÓSCAR
Eso ahora da igual.

Fátima se sienta al lado de Diana y clava en silencio su mirada en Óscar, que se revuelve con enfado.

                                    ÓSCAR
         Y a ti qué te pasa.

                                    FÁTIMA
                               (se encoge de hombros)
Nada... pero creo que sería peligroso irnos ahora. Si esos tíos nos cogen...

                                    ÓSCAR
                               (la interrumpe)
Si esos cabrones os cogen, y seguro que lo harán, os faltará tiempo para hablarles de mí... Sois unas putas gafes.  

                           FÁTIMA
                      (a Diana)
¿Por qué tiene que ser siempre tan malhablado?

Óscar se revuelve molesto.

                                    ÓSCAR
¡Niña, que estoy aquí! Si hay algo que no te guste, me lo puedes decir a la cara.

Fátima se agita con cierta encogimiento, aun así no se calla.

                           FÁTIMA
No cuesta nada hablar bien, es lo que siempre dice Diana.

                           ÓSCAR
¿Sí?... Pues por qué no sales fuera y les dedicas unas palabras amables a esos dos simpáticos caballeros y a su famélico chucho.

Fátima desvía la vista en busca del apoyo de Diana, que esboza una espontánea sonrisa.

                                    ÓSCAR
¡Y tú por qué sonríes! No le haces ningún bien a esta niña, vivís en el puto mundo de Oz.

                           FÁTIMA
¿Quién es Oz?

Diana no puede reprimir una carcajada, que irrita aún más a Óscar.

                           ÓSCAR
¡Levanta el culo de la cama y al menos pon la mesa!

Fátima imita de nuevo el saludo militar y se levanta obediente.

                                    DIANA
          Siento decirlo, pero Fátima tiene razón.

                                    ÓSCAR
          No, no lo sientes.
         
                                    DIANA
No te molestaremos, te lo prometo.

                           ÓSCAR
Ya lo estáis haciendo, joder.

                           DIANA
¿Para qué querías las semillas?

Óscar duda ante el repentino interés de Diana.
Aun así, decide responder.

                                    ÓSCAR
En la parte de atrás hay un patio. Allí tengo un pequeño huerto y un pozo de donde saco el agua.

                           DIANA
Pero toda la comida que tienes aquí es en conserva.

                           ÓSCAR
¿En serio? No me había dado cuenta. Eso es porque no consigo que nada brote sin que se pudra antes.

                           DIANA
          Yo podría ayudarte con eso.

                                    ÓSCAR
          No tienes pinta de campesina.
        
                                    DIANA
Era geóloga antes de que estallara la guerra. Si el problema está en la tierra, tal vez pueda ayudarte.
  
                           ÓSCAR
Te estás quedando conmigo.

Fátima se acerca hasta los dos y se planta al lado de Óscar con cierto aire ufano.

                          FÁTIMA
Ya está.

Señala hacia una de las mesas de metal donde hay expuestos tres cubiertos. Ha separado tres sillas de la mesa y colocado una jarra de agua.
Fátima le mantiene la mirada, como si esperara algún tipo de reacción; a ser posible amable.
Óscar da las gracias a su manera.

                                    ÓSCAR
Parece que al menos hay algo que sabes hacer en silencio.


20B-INT-COMEDOR HOSPITAL-NOCHE

Los tres están cenando en silencio y de comida enlatada cuando un grito desgarrador seguido de continuos golpes metálicos rompe la calma.

Tanto Diana como Fátima levantan asustadas la vista del plato y miran por encima de sus cabezas, no así Óscar, que permanece impasible. Muestra de ello es que se lleva una cucharada de guisantes a la boca con parsimonia.

Los gritos y los golpes continúan de manera intermitente.
Diana clava su azarada mirada en Óscar, que continua sin levantar la vista del plato.

                                    ÓSCAR
          Comed.

                                    DIANA
Quién sea que esté gritando, está en el edificio.

                           ÓSCAR
¿No te han dicho nunca que la ignorancia es la felicidad?... Pues come y sé feliz.

                           DIANA
¿Cómo quieres que ignoremos eso? Da miedo.

La escasa paciencia de Óscar se agota y deja el cubierto sobre la mesa con sonoridad.

                                    ÓSCAR
No son un problema. Están en el pabellón de máxima seguridad.

                           FÁTIMA
¿Quién... quién está?

                           ÓSCAR
Ya no deben quedar muchos.

Óscar vuelve a prestar atención a la comida y se llena de nuevo la boca con otra cucharada de guisantes.

                                    DIANA
¿Me estás diciendo que arriba hay personas?

Óscar asiente con indiferencia.

                           DIANA
Tenemos que ir a ayudarles.

                           ÓSCAR
¡Nadie va a hacer nada!... Ya me estáis volviendo a tocar los cojones.

                           DIANA
¿Y cómo sobreviven? No tienen comida.

                           ÓSCAR
Si quieres que sigamos con esta conversación, tal vez deberías taparle los oídos a la niña.    

                           FÁTIMA
No soy ninguna niña.

Óscar se encoge de hombros con apatía y continúa.

                           ÓSCAR
Llevan ahí desde que toda esta mierda empezó. Como ya te he dicho, no deben de quedar muchos.

Diana esboza una mueca de terror en cuanto intuye lo que se esconde tras las palabras de Óscar.

                                    FÁTIMA
         ¿Qué pasa Diana?

Diana intenta relajar el gesto ante ella.

                                    DIANA
         Nada. No te preocupes cariño, come.

                                    ÓSCAR
                               (con malicia)
         Sí eso, tú come.

Aunque los tres optan por el mutismo, el silencio brilla por su ausencia. Los golpes y los gritos se solapan formando una sintonía terrorífica.
Diana no come, pero calla. Clava su mirada en Óscar, que se echa incómodo hacia atrás, apoyando la espalda en el respaldo de la silla con gesto cansado.
Diana y su mirada inquisitiva le han quitado las ganas de seguir con la cena.
             
Tras una breve pausa, Óscar se levanta de la silla con su brusquedad habitual.

                                    ÓSCAR
         Quiero que vengas a ver algo.

Diana se levanta sin dudar y con ella Fátima.

                                    ÓSCAR
         La niña se queda.

                                    FÁTIMA
         Pero yo...

Diana acaricia con afecto la mejilla de Fátima.

                                    DIANA
Termina de comer, enseguida volvemos.
    
Fátima duda pero, resignada, vuelve a sentarse como una niña obediente.
Óscar se encamina hacia la puerta. Diana y su cojera le van detrás.


21-INT-OFICINA HOSPITAL-NOCHE

La puerta se abre con pesadez, levantando una espesa nube de polvo.
Óscar avanza con el haz de la linterna por la estancia, presidida por una vasta mesa en el centro. Las cuatro paredes prácticamente no se ven debido a la enorme cantidad de ficheros de metal que hay pegados a ella, que alcanzan casi el techo.

Óscar no pierde el tiempo y se acerca a uno de los ficheros. Lo abre y extrae una carpeta al azar que tiende a Diana.

Óscar alumbra primero el rostro de la mujer y luego la carpeta, indicándole así lo que quiere que haga.
Diana abre la carpeta y comienza a leer en voz alta.

                                    DIANA
“Miguel Ortiz. Condenado a internamiento psiquiátrico penitenciario por pedofilia, secuestro y violación de una menor. Otros delitos: robos con intimidación y violencia machista...”

Óscar le quita la carpeta de las manos y le entrega otra.
Diana repite la acción anterior.

                                    DIANA
“Martín Pedrales. Condenado a internamiento psiquiátrico penitenciario por violentos brotes psicóticos, esquizofrenia, delirios y alucinaciones. Mató a su madre y a su hermana. Las descuartizó y embalsamó las cabezas, deshaciéndose de los cuerpos tirándolos a un contenedor...”

Óscar vuelve a arrebatarle la carpeta de las manos. Extrae varias más del fichero y las deja caer sobre la mesa.

                                    ÓSCAR
¿Quieres leerlas todas? Porque básicamente vienen a decir lo mismo.

Diana baja los brazos y la mirada con resignación.

                                    ÓSCAR
Si alguien entra ahí se comportarán peor que el perro que hemos visto esta mañana.

                          DIANA
Lo entiendo, pero se merecen un final...

                                    ÓSCAR
¿Qué?... ¿Más... cristiano? Son asesinos y pederastas, se merecen lo que tienen. Si la niña se acerca a esa puerta, se convertirá en carnaza.

                          DIANA
Pero, ¿y si ellos salen?

                          ÓSCAR
La falta de electricidad abrió sus celdas, pero los dejó presos en el pabellón y la puerta solo puede abrirse desde fuera. Por eso no quiero que os acerquéis.

                          DIANA
Está bien. 

                          ÓSCAR
Quiero que se lo digas a Fátima.

Diana asiente con la cabeza. Óscar le da la espalda y camina hacia la puerta.

                                    DIANA
          Óscar.  

                                    ÓSCAR             
Qué.
    
                                    DIANA
          Gracias.

Óscar se da la vuelta y alumbra el rostro de Diana, que muestra un sincero agradecimiento.
Finalmente baja el haz de luz al suelo.

                                    ÓSCAR
Vamos, antes de que esa cría tuya haga algún destrozo.


22-EXT-BOSQUE-NOCHE             

Alrededor de una hoguera, Carmelo y Jesús comen de los restos de un pequeño animal que tanto podría ser un conejo como una rata.
María permanece tendida echa un ovillo en el suelo con el cuello aprisionado a la cadena, atada a un árbol.

Carmelo degusta la cena y comparte los huesos con el perro, pero no se encuentra bien. Se levanta, y antes de dar dos pasos seguidos, vomita en el suelo.  

Jesús permanece pensativo, con la mirada fija en la llama de la fogata sin probar bocado. Carmelo vuelve a sentarse.

                                     CARMELO
Joder, creo que esa perra me ha pegado algo.

Carmelo señala a la hermana de Luis.
Jesús, de manera súbita, lanza el hueso roído al fuego, levantando varias chispas que alcanzan a Carmelo y a Carbón, que se echan enseguida hacia atrás.

                                    CARMELO
¡Eh, tranquilo! Estás asustando a Carbón.

                                    JESÚS
En ese hospital hay alguien. Esas putas pisadas...

Carmelo vuelve a acercase a la hoguera con interés.
Acaricia el lomo de animal.

                                    CARMELO
Ya te dije que había visto algo. Si ese flacucho está dentro nos llevará hasta las armas.

                           JESÚS
No creo que esté solo.

                           CARMELO
¿Por qué lo dices?

                           JESÚS
Había pisadas diferentes en la tierra.

                           CARMELO
Ya, ¿pero cómo entraremos? Con cuchillos y machetes no abriremos esa puerta y no podemos escalar el muro, es demasiado alto.

                           JESÚS
No hará falta, en algún momento tendrán que salir. Y entonces sabremos cuantos son.

                           CARMELO
Sí... y entonces serán nuestros.

Jesús sonríe y asiente satisfecho.
Se levanta. 

                                    JESÚS
          Todo será nuestro.

Jesús se desabrocha el cinturón y se acerca a María, que nada más verlo venir levanta los pies y se aleja todo lo que la cadena le permite, en un intento vano por huir.

Jesús deja caer los pantalones hasta los tobillos y sujeta la cadena. Con fuerza tira de ella. María es arrastrada irremediablemente de nuevo cerca de la hoguera.

Jesús se tiende sobre ella y le lanza un puñetazo al rostro para que se esté quieta. La resistencia de María se desvanece tanto como su consciencia y la sangre baña las llagas de su boca.

Carmelo los observa esbozando una sonrisa, impaciente, a la espera de su turno.


23-INT-COMEDOR HOSPITAL-DÍA

Diana duerme plácidamente sobre la litera cuando ésta es golpeada por la bota de Óscar.

Diana se revuelve y se incorpora somnolienta.
Observa a Óscar plantado frente a ella. En una mano sujeta varias prendas de ropa, en la otra una muleta. Deja ambas cosas sobre la litera de arriba.

                                    ÓSCAR
Mirad si algo de esto os sirve. Vuestro olor empieza a ser insoportable.

Diana se levanta, agarra la muleta y se apoya en ella. Extiende la ropa sobre el colchón.

                                    DIANA
          Gracias.
                                    ÓSCAR
Hay dos cubos de agua limpia sobre la barra. En diez minutos, en el patio. Tenéis trabajo que hacer.

                           DIANA
Vale.

Óscar contempla su mirada agradecida durante un breve instante antes de darle la espalda.
Se acerca hasta la puerta, pero antes recoge el fusil de pesca y la máscara de oxígeno del armario. Cierra el mueble con llave.

Antes de partir observa a Diana volverse hacia Fátima, que la mira sentada sobre la litera de arriba. Diana le muestra sonriendo algunas prendas de ropa.
Fátima baja de un salto y se acerca con ánimo hasta ella.

Óscar sale del comedor dejando por primera vez la puerta abierta.


24-EXT-PATIO HOSPITAL-DÍA

En el centro del patio hay un pozo de roca dura que se alza casi un metro del suelo con un arco de hierro del que cuelga una polea y una cadena atada a un cubo de metal plateado.
Rodeando el pozo, un huerto que sin duda ha vivido tiempos mejores.
Óscar espera sentado en un banco de piedra. Mata el tiempo leyendo un libro.

Cuando Diana y Fátima entran en el patio, Óscar deja el libro sobre el banco y se levanta. Se acerca a la huerta.

Diana y Fátima agradecen el soleado día después de un tiempo encerradas y se toman su tiempo para llegar a la altura de Óscar, que las espera con cierto desasosiego.

                                    ÓSCAR
Muy bien campesina, a ver lo que sabes hacer.

Óscar le señala el huerto y regresa al banco. Recoge el libro y vuelve a centrarse en él.
ELIPSIS
                                                
Óscar se frota la vista, cansado, echa el cuello hacia atrás y estira los brazos. Al volver a una postura más natural, su mirada se detiene en la huerta.

Diana, apoyada en la muleta, le da indicaciones a Fátima. Debe de haberle dicho algo gracioso, porque suelta una risotada espontánea.
Óscar no puede ocultar en su rostro un semblante de apego, hacía tiempo que no oía un sonido similar, tan inocente, tan espontáneo... y le gusta, aunque nunca lo admitiría delante de ellas.

La niña se levanta y borra la sonrisa de su cara para dar paso a una expresión inquieta. Señala hacia una de las ventanas del último piso.

Óscar desvía la vista hacia donde apunta el dedo.
Se levanta con brusquedad. En su rostro ya no hay ni un ápice de amabilidad. Llega a tiempo para escuchar las últimas palabras de Fátima.

                                    FÁTIMA
... he visto como miraba por la ventana, hace un momento.

                           ÓSCAR
Qué pasa.

                           DIANA
Nada.

                           ÓSCAR
Me dijiste que hablarías con ella.

                           DIANA
Ya lo sé, no te preocupes.

                           ÓSCAR
¿Entonces?
    
                           FÁTIMA
Creo que me estaba mirando. 

                           ÓSCAR
Me importa tres pares de cojones lo que tú creas.

                           FÁTIMA
                      (resopla cansada)
Ya estamos otra vez.

Diana posa su mano abierta sobre el pecho de Óscar, en un intento por calmarlo mientras dirige su atención hacia la niña.

                           DIANA
Fátima, ya lo hablamos anoche, están enfermos. No se puede hacer nada por ellos.

Fátima mira a Diana con aire reflexivo.

                                    FÁTIMA                 
Pero... si están encerrados, ¿cómo han podido contagiarse?

Antes de que Diana pueda contestar, Óscar la sujeta del brazo y la atrae hacia sí con escasa elegancia.

                                    ÓSCAR
Mira niña, si me entero que subes allí, te encierro con ellos. ¿Eso si lo entiendes?

Fátima se agita asustada y asiente con la cabeza.
Diana intenta calmar el ánimo de Óscar haciendo que su atención se centre en el huerto.

                                    DIANA
          Creo que sé lo que le pasa a tu huerto.

Óscar relaja un poco el gesto y suelta el brazo de Fátima, que se aparta un par de pasos de él.

                                    DIANA
Necesitas fertilizante y también habría que empezar a hacer compost. 

Óscar le mira sin entender.

                                    DIANA
Lo podemos hacer nosotras con residuos orgánicos, solo habría que ir al bosque a...

                           ÓSCAR
No, es peligroso.

                           DIANA
No haría falta adentrarse mucho. ¿Tienes espuertas o alguna carreta?

                           ÓSCAR
Una vieja carretilla.

                           DIANA
Si te hago una lista podrías...

                           ÓSCAR
¿Por qué?... ¿Tan mal lo he hecho?

La expresión ingenua de Óscar, esboza una sonrisa en Diana.

                          DIANA
No, pero los roedores se están comiendo tu plantación. Habría que colocar cebos.

                                    ÓSCAR
Está bien, tú haz esa lista.

Óscar relaja un poco el gesto y por primera vez mira su huerta con cierto aire optimista.

                                    FÁTIMA
         ¿Podemos quedarnos un rato más aquí fuera?

Óscar no contesta de inmediato.
Finalmente levanta el brazo con aire aburrido.

                                    ÓSCAR
Está bien, pero cuidado con pisarme el huerto.

Óscar le da la espalda y vuelve al banco. Cuando se sienta observa a Fátima acercase al borde del pozo.

                                    ÓSCAR
         ¡Cómo te caigas, va ir tu madre a buscarte!

                                    FÁTIMA
         ¡Y dale! ¡Qué no es mi madre!

                                    ÓSCAR
¡Es una frase hecha!... (para sí mismo) Niñata estúpida.

Diana se acerca a su ritmo y se sienta junta a él. Casi lo hace sobre el libro. Lo recoge y observa la portada: “Crimen y castigo” de León Tolstoi.
Diana orienta la portada hacia Óscar.

                                    ÓSCAR
Me llamó la atención el título. Resume muy bien estos últimos seis meses.

Diana sonríe con naturalidad.

                                    DIANA
         ¿De dónde lo has sacado?

                                    ÓSCAR
Hay una biblioteca en uno de los pabellones... Puedo llevaros luego, a ver si así se queda quieta un rato.

Óscar desvía la vista hacia Fátima, que sube con esfuerzo con ayuda de la polea, un cubo de agua.
Diana asiente agradecida y deja el libro con esmero sobre la piedra del banco.
Se produce un silencio entre ambos, que causalmente aprovechan para observar los avances de Fátima con el cubo de agua.

                                    ÓSCAR
         ¿Dónde coño la encontraste?
  
Diana entristece el gesto.

                                    DIANA
Vivíamos enfrente la una de la otra. Los alzacuellos entraron en su casa y la quemaron con su familia dentro. Ella escapó y llamó a mi puerta. Mi novio se enfureció cuando la dejé entrar, pero era lo que tenía que hacer.

                           ÓSCAR
¿Y cómo habéis acabado aquí?

                           DIANA
No se puede vivir en la ciudad. Si no te matan unos, lo hacen los otros... Y si no está “La Parca”.

                           ÓSCAR
¿Es eso lo qué le pasó a tu novio?

                           DIANA
No. Simplemente me dijo: “o ella o yo”... Supongo que es en momentos así cuando sabes de que pie cojea cada uno.

Óscar agita la cabeza como si no entendiese nada.

                           ÓSCAR
Y aun así seguís rezando.

                           DIANA
Nos ayuda a superarlo.

                           ÓSCAR
Eso es como decir que el problema es también la solución, no tiene sentido.

Óscar observa a Fátima, esforzándose en rellenar las garrafas de agua con el cubo.

                                    DIANA
         Anoche no viniste.

Óscar centra su atención en Diana con cierta perplejidad.
                  
                          ÓSCAR
¿Es un intento para que os quedéis más tiempo?

                                    DIANA
         ¿Qué te ha hecho tan desconfiado?

Óscar responde con ironía.

                                    ÓSCAR
No sé, una guerra tal vez. O puede que esa enfermedad que dicen que es un castigo de dios, aunque ninguno se pone de acuerdo de a que dios hay que echarle la culpa.

Diana observa en silencio el semblante adusto de Óscar.

                                    ÓSCAR
         Qué pasa. ¿Te ofende mi ateísmo?

                                    DIANA
No sólo se trata de eso. Evitas a Fátima y cuando le hablas siempre eres tosco y desagradable.

                           ÓSCAR
Antes de la Parca ya era así. Toda esta mierda no me ha cambiado.

                           DIANA
Disimulas muy mal Óscar. Ella tal vez no pueda verlo, pero yo sí. Te recuerda a alguien.

                           ÓSCAR
¿Además de campesina también eres adivina?

                           DIANA
¿Y tú familia, dónde está?

                           ÓSCAR
Yo no tengo familia.

                           DIANA
Todo el mundo tiene una.

El gesto de Óscar se endurece.

                                    ÓSCAR
Todo el mundo muere... Somos tan egocéntricos que nos creemos que merecemos un cielo y una vida eterna.

Diana le aguanta la mirada con interés.

                          DIANA
¿Y no la merecemos?

                          ÓSCAR
Tú no sé, yo desde luego no.

Óscar recoge el libro y se levanta con gesto cansado.

                                    ÓSCAR
¡Niña, deja de jugar con el agua!

Fátima mira a Diana, que se levanta con ayuda de la muleta. Fuerza una sonrisa y asiente con la cabeza.
Fátima deja el cubo sobre la repisa de piedra del pozo y corre hacia ella.

Óscar no espera y les da la espalda, encarando el camino hacia la puerta del pabellón.


25-INT-BIBLIOTECA HOSPITAL-DÍA

Fátima tantea con mirada de asombro las estanterías repletas de libros y algunos cómics. Se acerca a una balda y escoge uno al azar.

Diana la observa dichosa mientras Óscar permanece de brazos cruzados, apoyado en el marco de la puerta con gesto aburrido.
Fátima le muestra la portada de “Maus” de Art Spiegelman a Diana.

                                    DIANA
No sé cariño, tal vez deberías coger otro.

Óscar se separa de la puerta y se acerca a Diana.

                           ÓSCAR
Déjala, tal vez aprenda algo sobre el ser humano. ¿Has hecho la lista?

Diana le tiende una hoja de papel doblada que Óscar recoge. Con intención, ella roza su mano al hacerlo.

                                    DIANA
          ¿Cuándo volverás?

                                    ÓSCAR
El pueblo está a poco más de una hora.

                                    DIANA
          Ten cuidado.

Óscar contempla la sincera preocupación dibujada en el rostro de Diana. Le incomoda y baja la vista.

                                    ÓSCAR
          Vigílala.

                                    DIANA
          Descuida.

                                    FÁTIMA
Si vais a hablar de mí, por favor, que no esté yo delante. Resulta humillante.

Óscar abre la boca para replicar pero se lo piensa mejor y calla. Niega con la cabeza como si estuviese ante un caso perdido y se acerca a la puerta. Duda si cerrarla o no.
Finalmente se da la vuelta hacia Diana.

                                    ÓSCAR
                               (con preocupación)
No salgáis de la biblioteca. Lo digo en serio.

Diana esboza una sonrisa y asiente.
Óscar se marcha, dejando la puerta entreabierta.


26-EXT-HOSPITAL/BOSQUE-DÍA

Óscar abre la puerta con la llave y sale fuera. Vuelve a cerrar la verja y el candado y encara el camino de tierra.

Oculto tras los árboles, Carbón aprieta los dientes y abre la boca, emitiendo un leve gruñido. Carmelo le posa la mano sobre el lomo para que se calme.


27-INT-BIBLIOTECA HOSPITAL-DÍA

Fátima recorre la biblioteca con alegre curiosidad, mientras Diana descansa la pierna, sentada sobre la mesa.

Fátima se detiene frente a una fotografía enmarcada, colgada de la pared. La observa con mayor detenimiento.

                                    FÁTIMA
         Diana.

                                    DIANA
         Qué.

                                    FÁTIMA
         Creo que es él.

Diana se baja de la mesa y se acerca con ayuda de la muleta a la altura de Fátima.

Contempla la fotografía. Alarga la mano y la separa de la pared.
En la instantánea puede apreciarse la entrada del edificio y enfrente el personal del hospital.
Un sonriente Óscar posa para la foto junto a otros celadores, personal de limpieza del hospital y los médicos, con su habitual bata blanca, le acompañan en lo que parece una feliz estampa.  


28-INT-COMEDOR HOSPITAL-NOCHE                 

Óscar está tumbado sobre Diana, que se abraza a él animándole en su continuo vaivén.
Ambos se esfuerzan en ser discretos en su fruición. Diana muerde el hombro de Óscar para acallar sus jadeos cuando él llega al orgasmo.

Óscar se relaja un poco y se echa a un lado. Cubre a Diana con la sábana y se sienta sobre el colchón.
Se dispone a levantarse cuando Diana apoya la mano sobre su hombro. No hace falta que diga nada.

Óscar la mira y duda, pero finalmente vuelve a cubrirse con la sábana y se tiende junto a ella.


29-INT-CUARTO DE BAÑO-NOCHE-FLASHBACK

El pestillo de la puerta gira desde el otro lado.
Óscar entra en el baño ataviado con guantes de cocina, sellados por las muñecas con cinta americana. Lleva el rostro parcialmente cubierto con un pañuelo y sus ojos ocultos tras unas gafas de sol.
Se acerca hasta su hija, que yace tendida en el suelo, muy débil. Al notar la presencia de su padre, levanta la vista. Su voz apenas es una brizna.

                                    ANA
         ¿Papá?

Óscar guarda silencio, pero se acerca hasta ella y la recoge del suelo, levantándola con ambos brazos.
Sin mediar palabra, sale con ella del baño.                      

30A-INT-HABITACIÓN-NOCHE-FLASHBACK

Ana descansa sobre la cama. Óscar le cubre con una sábana hasta los hombros, no porque haga frío, sino porque le duele ver el cuerpo de su hija convertido en una frágil y pústula estampa.

Óscar continúa con la nariz y la boca cubiertos por el pañuelo, pero se ha quitado las gafas y observa compungido el semblante enfermo de su hija.
Ana ladea la vista hacia él.

                                     ANA
          No me encuentro bien, papá.

                                     ÓSCAR
Lo sé, cariño. Quiero que te tomes esto.

Óscar alarga el brazo y recoge un vaso de agua con un ligero color lechoso.

                                    ANA
         ¿Y me pondré mejor?

                                    ÓSCAR
         Estarás mejor, te lo prometo.

                                    ANA
         ¿Y por qué lloras?

Óscar alarga el vaso hacia su hija y fuerza una sonrisa.

                                    ÓSCAR
         Papá, que es tonto. Toma bébetelo.

Ana intenta incorporarse, pero está tan débil que apenas puede levantar la cabeza. Óscar le ayuda con su mano enguantada, apoyándola sobre la nuca.

                                     ÓSCAR
         Hasta el fondo.

Ana obedece con esfuerzo. Una vez ha engullido el líquido, Óscar apoya su cabeza de nuevo sobre la almohada.
Su hija esboza una sonrisa y le dedica una mirada afable antes de cerrar los ojos.
Óscar la contempla en silencio.



30B-INT-HABITACIÓN-DÍA-FLASHBACK

Óscar rocía con un líquido el cuerpo inerte de Ana. Después deja la lata de gasoil en el suelo.
Se lleva la mano al bolsillo y saca una caja de cerillas. Enciende una.

Contempla la llama un breve momento antes de dejarla caer sobre la cama.

Las sábanas prenden con rapidez y el fuego invade el cuerpo de su hija muerta, envolviéndola en llamas.

Óscar recoge una vasta mochila del suelo y se la echa a la espalda. Continúa con el rostro cubierto por el pañuelo. En sus ojos se refleja el ataúd improvisado de Ana.

Óscar no soporta más esa visión. Cierra los ojos con fuerza y sale de la habitación mientras las llamas comienzan a extenderse más allá del lecho.


31-INT-COMEDOR HOSPITAL-DÍA

Óscar se desvela con brusquedad y abre los ojos.
Empapado en sudor, observa a Diana aún dormida a su lado. Se desplaza levemente para no despertarla.
Cuando se sienta sobre el colchón, descubre a Fátima frente a la litera.
Óscar se rasca los ojos para aclarar la vista y se frota la cara en un espontáneo gesto de sonrojo.
Fátima guarda silencio.

                                    ÓSCAR
         Niña, ¿qué haces ahí plantada?

                                    FÁTIMA
         Necesito ir a al baño.

Óscar se dispone a levantarse, pero a mitad de camino recuerda que está desnudo y vuelve a sentarse.

                                    ÓSCAR
         ¿Puedes darte la vuelta por favor?

Fátima esboza una ligera sonrisa.

                                    ÓSCAR
         De qué te ríes.

                                    FÁTIMA
         Si me lo pides por favor.

Fátima le da la espalda.
Óscar también parece sorprendido por su repentina cordialidad.
Recoge la ropa del suelo y comienza a vestirse.


32-INT-PASILLO HOSPITAL-DÍA

Óscar está apoyado en la pared con los brazos cruzados y gesto aburrido cuando Fátima sale del baño.

                                    ÓSCAR
         ¿Ya?

Fátima se encoge de hombros.

                                    FÁTIMA
         Si he salido del baño, será que sí.

                                    ÓSCAR
         No te hagas la listilla conmigo.

Óscar se incorpora y comienzan a caminar por el pasillo.
Fátima le sigue a su lado. Es cuestión de tiempo que rompa el mutismo.

                                    FÁTIMA
         ¿Diana y tú sois novios?
    
                                    ÓSCAR
         ¡No digas tonterías!

                                    FÁTIMA
         Pero dormís juntos. 

                                    ÓSCAR
         Eso no es asunto tuyo.

Fátima calla ante la contundente respuesta de Óscar. El silencio dura poco.

                                    FÁTIMA
         Yo creo que sí es asun...

                                    ÓSCAR
                               (la interrumpe)
         ¡Shhh, calla coño!

                                    FÁTIMA
         Pero...

Óscar se detiene frente a la puerta del comedor y se encara con ella.

                                    ÓSCAR
Es cosa de mayores. Ya sé que tú tienes una opinión para todo, pero lo que haga o deje de hacer no es asunto tuyo, ¿lo entiendes?

                           FÁTIMA
Sé lo que hacéis en la litera. Antes de la guerra, en casa teníamos internet... “listillo”.

                           ÓSCAR
¿Y por qué no te vuelves a tu casa?... Ay, no, que se quemó.

El comentario ha sido un golpe bajo para Fátima.
Óscar se arrepiente enseguida al advertir el semblante triste en el rostro de Fátima e intenta disculparse, pero en cambio es ella la que habla primero.          
             
                                    FÁTIMA
Mi casa está aquí, con ella... contigo ahora. Vosotros sois mi familia.

                                    ÓSCAR
          Esta no es tu casa y yo no soy tu familia.

                                    FÁTIMA
          Pero si Diana y tú sois novios...

                                    ÓSCAR
          ¡Qué no somos novios, cojones!

                                    FÁTIMA
          Si tú lo dices.

Fátima le ignora y empuja la puerta del comedor, dejando a Óscar con la palabra en la boca.


33-EXT-PATIO HOSPITAL-DÍA

Óscar está cavando un surco en la tierra ante la atenta mirada de Diana.
Fátima rellena varias garrafas en el suelo con el agua que saca del pozo.
Cierra la última garrafa y se incorpora secándose el sudor de la frente. Observa a Diana y a Óscar trabajando en el huerto.

                                    FÁTIMA
         ¡Óscar!

Óscar continúa a la suyo, pero se toma la molestia de contestar.

                                    ÓSCAR
         ¡Qué te pasa!

                                    FÁTIMA
         Esto ya está, ¿puedo dar una vuelta?

Óscar se incorpora y se cerciora desde su posición que haya terminado la faena.

                                    ÓSCAR
         No.
    
                                    FÁTIMA
         ¡Vaaa, me aburro!

                                    ÓSCAR
         Si te aburres te puedo mandar más trabajo.

Fátima baja los brazos con desgana.
Óscar nota la mirada inquisitiva de Diana clavada en él.

                                    ÓSCAR
                               (a Diana)
          Qué.

                                    DIANA
Deja que se dé un paseo... y de paso nos quedamos un rato a solas.

Óscar duda un instante.

                                    ÓSCAR
         Cagon la puta.

Óscar desvía de nuevo su atención en Fátima. Levanta el brazo y lo zarandea. Es su manera de darle permiso.

                                     ÓSCAR
         ¡No salgas del pabellón!

Fátima esboza una sonrisa y da un pequeño salto de emoción.

                                    FÁTIMA
         ¡Gracias!

Deja el cubo vacío sobre la repisa y se encamina hacia la puerta con diligencia.

Diana observa el trabajo de Óscar sobre la tierra.

                                    DIANA
         Ese surco no está bien.

Óscar le tiende el pico.

                                    ÓSCAR
         ¿Quieres hacerlo tú?

Diana es incapaz de disimular una sonrisa.


34-INT-ESCALERAS/PASILLO HOSPITAL-DÍA

Fátima recorre el pasillo entrando en las habitaciones y explorando con la curiosidad de un niño.

De una de ellas sale con un estetoscopio. Se coloca los auriculares en los oídos y el diafragma en el pecho. Se estremece y sonríe al notar el contacto con el frio metal.
Juega a escucharse los latidos del corazón cuando OYE un grito y su corazón se acelera. Se quita los auriculares y mira hacia la escalera. El grito se repite, viene del último pabellón.
Fátima se agarra a la barandilla y comienza a subir los escalones.


35-EXT-PATIO HOSPITAL-DÍA

Diana tiende un vaso con agua, que Óscar recoge con un leve movimiento de cabeza a modo de agradecimiento.
        
Óscar le devuelve el vaso junto a una leve sonrisa y continúa cavando.


36-INT-ESCALERAS/PABELLÓN HOSPITAL-DÍA

Fátima sube los escalones con sigilo. Los gritos han mutado a punzantes lamentos.

Fátima termina con la escalera y alcanza el rellano.
Frente a ella, al final del pasillo, se encuentra una maciza puerta de metal con un recuadro de vidrio reforzado del tamaño de una cabeza a modo de mirilla.

Los gemidos han cesado y Fátima se acerca en silencio a la mirilla de la puerta.
Arruga la nariz y se lleva la mano a la boca. El mal olor se hace más evidente a medida que se acerca. Aun así no se detiene más que un momento, la curiosidad es mayor que su recelo.

Con la manga de la camiseta, limpia de polvo el cristal.
Su visión es borrosa. Al otro lado de la puerta, la mirilla continua sucia, pero puede advertir la mugre y la sangre por toda la estancia. Fátima ladea la cabeza para ampliar su campo de visión cuando el rostro de un HOMBRE (32) irrumpe con violencia contra la mirilla. El Hombre golpea el cristal con la cabeza primero y con el puño después. Fátima se separa asustada, pero ni el cristal ni la puerta muestran el menor resquicio.

El Hombre grita, exhibiendo una hilera de dientes podridos y sucios y mira con ojos llorosos el semblante asustado de Fátima. Deja de gritar y le mantiene la mirada. Articula unas palabras que Fátima no llega a comprender. El Hombre baja la mirada señalando el sólido pasador de la puerta.
Fátima ve miedo y tristeza en la mirada del Hombre.
Duda.

Finalmente vuelve a acercarse despacio a la puerta. Posa la mano sobre el pasador y levanta la vista. Su mirada se topa de nuevo con la del Hombre, que fuerza una mueca que bien podría ser una siniestra sonrisa mientras le anima, asintiendo con la cabeza.
Fátima agarra el pasador con más fuerza y lo levanta ligeramente, pero una mano se posa sobre la suya y la obliga con violencia a volver a bajarlo.

Óscar aparta a Fátima de la puerta de un fuerte empujón que casi la lleva al suelo.
El Hombre estalla y vuelve a golpear la puerta y el cristal. Sus ojos se llenan de odio.
Óscar lo ignora y se acerca amenazante hacia Fátima.

                                    ÓSCAR
         ¡Qué te dije, qué coño te dije!

                                    FÁTIMA
         ¡No podemos dejarlo ahí!
        
                                    ÓSCAR
Niña, si abres esa puerta, te comerá viva. ¿Cómo crees que ha sobrevivido todos estos meses?

                           FÁTIMA
Es inhumano.

                           ÓSCAR
Sí, y la guerra es una puta mierda... pero es lo que hay.
                  
Fátima baja la cabeza y deja caer los hombros con gesto derrotado.    

                                    ÓSCAR
Fátima, en serio, no lo digo por tocar los cojones, pero no quiero que vuelvas a subir aquí.

Fátima levanta la vista y observa el demacrado rostro del Hombre pegado al cristal.

                                    FÁTIMA
Y por qué no lo matas. Sería más humano que no hacer nada.

                                    ÓSCAR
Hay quien no pensaría igual. Si está ahí es porque hizo cosas muy malas antes de la guerra. Además, es peligroso. Prométeme que no volverás a subir, no puedo andar detrás de ti como si fueras una niña pequeña.

Fátima clava su mirada en Óscar, pero no contesta.

                                    ÓSCAR
No me obligues a ponerte un cascabel.

El comentario provoca una tímida sonrisa en Fátima, aunque Óscar habla bien en serio.

                                    ÓSCAR
          ¿Fátima?
             
                                    FÁTIMA
          Te lo prometo.

Óscar asiente al fin. Satisfecho, le indica con la mano el camino hacia la escalera.


37-INT-ESCALERAS/HALL HOSPITAL-DÍA                     

Fátima y Óscar bajan por la escalera hasta llegar al vestíbulo.

Diana entra desde el patio y se acerca preocupada hacia Fátima.

                                    DIANA
                               (a Óscar)
          ¿Dónde estaba?

Óscar mira de soslayo a Fátima.

                                    ÓSCAR
Se había perdido cotilleando por las habitaciones.

Fátima observa el rostro preocupado de Diana.

                                    FÁTIMA
No es verdad, había subido arriba. Lo siento.

Óscar resopla y niega con la cabeza como si estuviese ante un caso perdido.
        
                                     ÓSCAR
Niña, eres tonta. ¿No te basta con que uno de los dos te eche la bronca? Para qué coño se lo dices.

                                     FÁTIMA
          A Diana nunca le he mentido.

Óscar resopla sin comprender el talante de Fátima y se aleja de ambas en dirección a la puerta de entrada. Sujeta los mangos de una oxidada carretilla con ambas manos.
Diana abraza a Fátima y la atrae hacia sí.

Óscar se da la vuelta hacia ellas, levantando la carretilla.

                                    ÓSCAR
No os quedéis ahí como pasmarotes y venid a ayudarme.

Óscar enfila el camino hacia el exterior sin esperar respuesta. Diana y Fátima encaran también el trayecto hacia la puerta.

Fátima pega un sprint y se coloca junto a Óscar, que le mira de reojo. Fátima, sin esfuerzo, le dedica una sonrisa de agradecimiento.


38-EXT-ENTRADA HOSPITAL-ATARDECER

Óscar sale con la carretilla, custodiado por Fátima. Es media tarde y el cielo encapotado amenaza lluvia.
Óscar mira las nubes negras y después a Fátima.
Se lleva la mano al bolsillo y le tiende un manojo de llaves.

                                    ÓSCAR
Hay que darse prisa o nos pillará el aguacero.

Fátima toma las llaves y se acerca corriendo hasta la verja.

Diana se reúne con Óscar. Juntos se acercan hasta la puerta donde Fátima espera de espaldas a ellos.
Las llaves se le caen al suelo arenoso, pero Fátima no hace amago de agacharse a recogerlas. Óscar es el primero en comprender que algo no va bien. Suelta la carretilla y se lleva la mano al cinto. Con el otro brazo le indica a Diana que se ponga detrás de él.
Óscar no aparta la vista de la espalda de la muchacha.

                                    ÓSCAR
          ¿Fátima?

Esta vez Fátima sí reacciona y se da la vuelta con lentitud, pero como sospechaba Óscar, no está sola.
Una mano teñida de mugre y tierra sujeta su cuello a través de los barrotes y la obliga a darse la vuelta muy despacio. El cielo ruge y comienzan a caer las primeras gotas de lluvia.
Jesús pasa el brazo completamente por los barrotes y aprisiona el cuello de Fátima con fuerza, haciendo chocar su espalda contra los barrotes de la verja.

Diana sale asustada tras el cobijo de Óscar, pero éste la retiene sujetándola de la muñeca.
Le señala con la cabeza la otra mano de Jesús, que sujeta un cuchillo con la punta apoyada sobre el costado de Fátima. Óscar desenfunda y apunta.

Jesús se asoma tímidamente tras Fátima.
Detrás de él se oye a Carbón ladrar y como Carmelo le manda callar con un silbido.

                                    JESÚS
          Deja eso en el suelo.

                                    ÓSCAR
Te meteré una bala en la sesera como no la sueltes ahora mismo.

                           JESÚS
Puedo dejarla invalida de un solo tajo. En serio, sé cómo hacerlo.

La respuesta de Óscar es tirar hacia atrás del percutor, algo que enfurece a Diana además de a Jesús. El chaparrón comienza a adoptar tintes de tempestad.

                                    DIANA
         ¡Óscar no, por favor!

                                    JESÚS
Hazle caso a tu putilla. Sólo queremos preguntarte por un amigo común.

                           ÓSCAR
Yo no tengo amigos.

                           JESÚS
Yo creo que sí... Carmelo, recoge las llaves del suelo.

Tras una tensa pausa, la mano mugrienta de Carmelo aparece y atraviesa los barrotes de la verja acariciando con intención la pierna de Fátima, que se estremece nada más notar el desagradable contacto.
Carmelo suelta un obsceno jadeo y sujeta el manojo de llaves.
Óscar baja el cañón del arma y dispara al suelo, justo al lado de las llaves. Una nube de polvo y agua se levanta al instante y Carmelo retira asustado la mano.

Fátima grita e intenta llevarse una mano al costado. Jesús le ha atravesado levemente la carne con la punta del cuchillo.

                                    JESÚS
¡Estás loco, gilipollas! Otra tontería como esa y le reviento un pulmón.

Diana se acerca a Óscar y apoya la mano sobre su brazo, que aún sujeta en alto la pistola.

                                    DIANA
          Óscar, te lo suplico. La matarán.

                                    ÓSCAR
          Si entran nos matarán a todos.

                                    DIANA
¿Y vas a dejar que la maten?

Óscar no contesta y la mira en silencio.
                       
                                    DIANA
Si haces eso, entonces será mejor que me pegues un tiro a mí también.

Óscar observa la mirada decidida de Diana, que empuja despacio el brazo de Óscar hacia abajo.

Finalmente Óscar baja el arma hasta la cadera pero no la suelta.
Jesús observa el gesto, escondido detrás de Fátima.

                           JESÚS
Carmelo, coge las llaves.

                           CARMELO
No sé tío, ¿seguro?
    
                           JESÚS
         ¡Que sí coño! No va a disparar.

Óscar deja caer el arma, lanzándola al interior de la carretilla donde ya se ha formado un charco de agua en su interior. El gesto enfurece a Jesús, que ve como el revólver se baña de agua.

                                    JESÚS
¡Capullo! Suelta también el cuchillo y dad dos pasos hacia atrás.

Tanto Óscar como Diana obedecen.
Óscar lanza una mirada de desaprobación, que Diana recoge con resignación.

Carmelo ya ha tomado las llaves del suelo y con celeridad abre el candado y la puerta. Empuja la verja por el raíl.
Jesús se aparta de la verja pegado a Fátima y entra con ella, sujetándola del pelo. Apoya la hoja del cuchillo sobre el gaznate de la muchacha.

Carmelo agarra la correa de Carbón con una mano y con la otra, la de María. Una vez dentro suelta al perro para que se mueva a su aire. Después cierra la puerta tras de sí.


39-INT-HALL HOSPITAL-ATARDECER                              
De rodillas en el suelo, Óscar y Diana observan impotentes como Jesús, sentado en una silla, obliga a Fátima a sentarse en su regazo.

Carmelo tiene el revólver en las manos e intenta secarlo con un trapo. Carbón permanece apoyado sobre sus cuartos traseros frente a Óscar en actitud vigilante.

María ha caído agotada al suelo. Desnutrida y enferma, clava una mirada de auxilio en Diana.

Jesús acaricia el pelo de Fátima, mientras apoya la mano que sujeta el cuchillo con la hoja en alto, sobre el regazo de ella.
Con un ligero movimiento de cabeza, señala a María, tendida en el suelo.

                                    JESÚS
¿Ves a ese desecho de ahí?... Buscamos a su hermano.

                           ÓSCAR
Aquí no hay nadie más.

Carmelo ha abierto el tambor del revólver y deja caer las balas húmedas sobre el trapo.

                                    JESÚS
No entremos en yo digo una cosa, tú dices lo contrario... Resulta tedioso. Si realmente te importa esta preciosidad, deberías empezar por decirme la verdad.

Jesús tira del pelo de Fátima y acerca su mejilla, besándola en la comisura de los labios.         

                                   ÓSCAR
                               (sonríe)
          Menudo gilipollas estás hecho.

                                   JESÚS
         ¿Perdona?

Carmelo también se sorprende por la entereza de Óscar. Se detiene en su tarea y observa a Óscar como se levanta con parsimonia. 

                                    ÓSCAR
Vosotros dos, tontos del culo, ya estáis muertos.

                                    JESÚS
                               (a Fátima)
         Tu papá no está bien de la cabeza.

Óscar no se amilana y se encara con Jesús.

                                    ÓSCAR
Primero empiezan a salirte ampollas y llagas en la espalda y en los brazos, después el pecho y finalmente la cara y los labios. Tu cuerpo no acepta los alimentos y los expulsa.

Carmelo coloca de nuevo las balas en el tambor sin dejar de mirar a Óscar, reconoce los síntomas que describe.
Cierra el tambor con un sonoro chasquido.

                                    ÓSCAR
Vomitas la comida sin tan siquiera digerirla, pierdes peso y mueres lentamente a causa de una severa desnutrición. La Parca os matará si no lo hago yo antes.

Carmelo pasa por delante de Jesús y apunta a Óscar a la altura de la cabeza.
Jesús se levanta abruptamente al ver su intención y deja caer a Fátima al suelo con violencia.
Diana también se levanta, pero sin tiempo para evitar que Carmelo accione el gatillo.

El revólver emite un sonoro “clic”. Carmelo maldice en voz alta y vuelve a apretar el gatillo con idéntico resultado.

Jesús llega hasta él y le obliga a bajar el arma.
Óscar intenta acercase a ellos, pero Carbón se incorpora y le muestra sus sucios dientes.

                                    JESÚS
         ¡Idiota, aún no!

                                    CARMELO
         No nos lo va a decir.

Jesús medita por un breve momento la lógica de Carmelo. Su mirada se clava en Diana, que se ha agarrado al brazo de Óscar.

                                     JESÚS
         Sí que lo hará. Seca el tambor.

Carmelo, sin mediar palabra, golpea con la culata del revólver el rostro de Óscar. Jesús sujeta del pelo a Diana y la atrae hacia sí.
Óscar clava la rodilla en el suelo a causa del impacto y se lleva la mano a la ceja. La sangre no tarda en brotar.

                                    JESÚS
Según tú, puto listillo, tenemos La Parca, ¿no? Y qué te parece si me follo a tu novia y después a esa monada de niña.

Óscar levanta la vista desde el suelo y se aparta la sangre del ojo con las yemas de los dedos.

                                    JESÚS
El tío al que estamos buscando tenía un mapa y su pista se pierde aquí.

Óscar le mantiene en silencio la mirada. La paciencia de Jesús apremia y le desgarra la camiseta a Diana de un fuerte tirón.
Óscar se levanta como un resorte, pero Carbón se abalanza sobre él y ambos caen al suelo. Carbón aprieta su brazo y lo retiene en el suelo.

                                    FÁTIMA
         ¡Espera!... Yo sé dónde está.

Fátima ha conseguido captar la atención de todos, incluido Óscar, que ha dejado de forcejear con el perro.
Carmelo silba y Carbón suelta su presa, apartándose levemente de Óscar.
  
                                    FÁTIMA
Está encerrado arriba, en el último pabellón.

Jesús sonríe y empuja con violencia a Diana, que cae al suelo junto a Óscar. Un leve gesto de esperanza se dibuja en el rostro de María.

                                    JESÚS
         Carmelo, tráeme a ese desgraciado.

Carmelo le entrega el revólver a Jesús y desenfunda su machete. Silba de nuevo y se dirige hacia la escalera. Carbón se reúne con él en el rellano.

                                    JESÚS
         Llévate a la niña también.

                                    ÓSCAR
         ¡No!

Jesús se sienta en la silla y le señala con la punta del cuchillo.

                                    JESÚS
¡Quedaos ahí! Carmelo, si oyes como estos cabrones intentan algo, mata a la niña.

Carmelo se acerca a Fátima y tira de ella, sujetándola del brazo. Por el camino a la escalera, se cruza con Óscar.

                                    FÁTIMA
         Sé que te lo prometí. Lo siento.                   

Carmelo vuelve a tirar de ella, atrayéndola hacia sí.
Juntos enfilan las escaleras, bajo la atenta mirada de Óscar y Diana. Carbón les sigue obediente.

Jesús tira de la cadena y obliga a María a acercase hasta él.
Abre el tambor del revólver y deja caer las balas al suelo. 

                                    JESÚS
Sécalas. Y vosotros dos, sentaos en el suelo sobre vuestras manos.

De rodillas en el suelo, María seca una a una las balas con los harapos que la visten.
Jesús seca el tambor del revólver con un trapo sin apartar la vista de Óscar y Diana, que se incorporan levemente y se sientan en el suelo sobre sus manos.
De la ceja de Óscar sale un fino reguero de sangre que recorre su rostro. Su brazo muestra la terrible y dolorosa lucha que mantuvo con Carbón.


40-INT-PASILLO PABELLÓN HOSPITAL-NOCHE

Fátima alcanza el rellano. Se detiene y observa la maciza puerta de metal con el recuadro de vidrio reforzado del tamaño de una cabeza a modo de mirilla, al final del pasillo.
Señala la puerta levantando el brazo.

                                    FÁTIMA       
         Está ahí encerrado.

Carmelo la empuja con escaso tacto.

                                    CARMELO
         Pues a qué esperas. Abre la puerta.

Fátima duda, pero Carmelo levanta la mano y hace el amago de abofetearla y entonces Fátima echa a andar enseguida.

Cuando alcanza la puerta se detiene frente a ella.
Levanta la cabeza y observa por la sucia mirilla. No ve movimiento. Sujeta el pesado tirador de la puerta.
El pelaje rancio de Carbón se eriza y arruga el morro. Gruñe y adopta una postura defensiva frente a la puerta, mostrando los colmillos.

Carmelo intenta calmarlo acariciándole el lomo, pero sólo consigue el efecto contrario. Carbón comienza a ladrar como un poseso. Asustado, recula.

41-INT-HALL HOSPITAL-NOCHE

Jesús se levanta como un resorte al oír los ladridos de Carbón. De una patada aparta a María de su lado y las balas se esparcen por el suelo.
Jesús observa a Óscar y a Diana, que se mantienen sentados en el suelo.

Jesús se inclina sin apartarles la mirada y comienza a recoger la munición, mientras los ladridos de Carbón continúan.
Óscar ladea la cabeza y le susurra a Diana:

                                     ÓSCAR
A la mínima oportunidad, sal corriendo.

                           DIANA
No voy a dejar a Fátima.

                           ÓSCAR
Corre hacia el patio y cierra la puerta cuando salgas. Yo traeré a Fátima.

Jesús introduce la última bala y cierra el tambor.

                                    JESÚS
         ¡Callaos coño!           

Jesús les encañona, pero se acerca con precaución hacia la escalera.


42-INT-MONTAJE PARALELO-PASILLO/HALL HOSPITAL-NOCHE

Fátima continua pegada a la puerta mientras Carbón ladra a su espalda. Se lleva la mano al bolsillo.
Carmelo agarra con fuerza la empuñadura del machete.

                                    CARMELO
         ¿Por qué tardas tanto? ¡Aparta!

Carmelo se acerca a la puerta y a Fátima.

Cuando lo tiene justo detrás, Fátima alarga el brazo y le clava la navaja mariposa en el muslo. Carmelo se encoge y grita de dolor. Fátima estira ambas manos para sujetar el pasador. Abre la puerta de par en par y se oculta detrás de ella, entre la pared y la puerta de metal.

Carmelo comprende demasiado tarde lo que se le viene encima. Tras la puerta, el Hombre aparece y se abalanza sobre él. Ambos caen al suelo.
El machete se desprende de la mano de Carmelo y va a parar a las patas de Carbón, que continúa ladrando, pero está demasiado asustado para ayudar a su amo.

El Hombre se incorpora ligeramente y desata su ira juntando los dedos y formando una maza de carne y hueso con ambas manos. Las levanta por encima de su cabeza y las baja con fuerza.
La nariz de Carmelo estalla en una balsa de sangre, las siguientes embestidas le destrozan el pómulo y le hunden uno de los ojos.
El Hombre levanta levemente la cabeza y muestra sus podridos dientes a Carbón. Después suelta un grito airado.
Carbón sale huyendo con el rabo entre las piernas.

El Hombre se levanta.
En la esquina del pasillo, Fátima permanece oculta tras la puerta. Se ha dejado caer en el suelo adoptando una posición fetal, pegando sus rodillas al pecho e intentando mantener silencio.

En el Hall, Jesús ve como Carbón baja las escaleras a la carrera, pasa por delante de él y se dirige asustado hacia la puerta. Al encontrarla cerrada, rasca con las pezuñas la madera. Gime asustado y su vejiga explota.
Jesús lo observa incrédulo, antes de  desviar la vista hacia la escalera.

                                    JESÚS
         ¡Carmelo!

Carmelo se arrastra malherido e intenta recoger el machete del suelo. El Hombre llega antes y devuelve de nuevo toda su atención hacia él.
Hinca la rodilla sobre el pecho de Carmelo mientras le sujeta el cuello con una mano. Levanta el machete y se lo clava en la frente. Carmelo deja de moverse, la mirada inerte de su ojo se clava en el techo.

El Hombre se incorpora y se planta frente a la puerta abierta, que permanece pegada a la esquina del pasillo.

Fátima cierra los ojos y oculta la cabeza entre las piernas.

                                    JESÚS
                               (voz)
         ¡Carmelo!

En el rellano de la escalera, Jesús permanece atento. OYE  pasos bajando los escalones.

                                    JESÚS
         ¡Carmelo!

Jesús no obtiene respuesta y levanta el revólver.  
Doblando la esquina del descansillo del primer piso, aparece el Hombre. En su mano sujeta el machete que va goteando sangre escalón, tras escalón.

Jesús observa incrédulo el despojo humano que se va acercando hacia él. Difícil discernir si se trata de un hombre o un animal.

Sentado en el suelo, Óscar rasga un trozo de su camiseta y empieza a anudar la tela alrededor de los nudillos de su mano derecha, ante la atenta mirada de Diana.

Jesús amartilla el arma.

                                    JESÚS
         ¿Quién coño eres tú? ¿Dónde está Carmelo?

El Hombre levanta el machete a modo de respuesta y acelera el paso. Jesús no duda y dispara.


La bala impacta en el pecho del Hombre, obligándole a amarrarse con la mano libre a la barandilla para no caer. Sin embargo no se detiene. Se encuentra ya muy cerca del final de la escalera.

Jesús levanta ligeramente el arma y vuelve a disparar.
La cercanía favorece su puntería y el Hombre cae al suelo al recibir un segundo impacto en la frente. Rueda los últimos escalones, obligando a Jesús a apartarse para no verse arroyado por el cuerpo.

Por el rabillo del ojo, Jesús ve a Diana correr hacia el patio. Cuando intenta darse la vuelta por completo, se encuentra con Óscar, que ha aprovechado la distracción para colocarse delante de él.
Sin mediar palabra le lanza un gancho al rostro con la mano vendada por el trapo. Jesús cae y rebota sobre al cuerpo inerte del Hombre. Levanta el arma desde el suelo y dispara. De una patada, Óscar se la quita de la mano aunque le da tiempo para apretar el gatillo una segunda vez.

Se OYE un seco sonido tras el segundo disparo, pero Óscar no le presta atención. Vuelve sobre Jesús y le golpea de nuevo en el rostro. Con rabia, sin tregua, hasta quedarse sin aliento.

                                    DIANA
                               (voz)
Óscar.

Óscar coge aire y se incorpora levemente.

                                    DIANA
                               (voz)
Óscar.

Óscar se da la vuelta y su mirada encuentra a Diana tirada en el suelo. Una de sus manos está apoyada en su estómago, la otra levantada, pidiendo auxilio.

Óscar se acerca corriendo y se arrodilla junto a ella.
Tiene un balazo en el abdomen y un charco de sangre que nace en su espalda y que empieza a formarse a su alrededor.

Óscar le levanta la cabeza y la apoya sobre sus rodillas.

                                    DIANA
         Fátima... ve por Fátima.

Pero Óscar duda. Intenta taponar la herida con la ayuda de ambas manos.
De espaldas a él, Jesús se levanta. Su rostro parece una manzana podrida. Desenfunda su cuchillo y se acerca renqueante hacia Óscar.
Levanta el cuchillo con la intención de apuñalarlo por la espalda.

El sonido atronador de un disparo resuena en el Hall.
Jesús y Óscar se dan la vuelta prácticamente al unísono.

María sostiene el revólver con ambas manos, tarea que requiere de un gran esfuerzo por su parte.
Incrédulo, Jesús observa su agujero en el pecho. María espera a que levante la vista para mirarla y entonces dispara una segunda vez. Jesús cae al suelo con los genitales reventados a causa del impacto.

María observa ahora a Óscar y desvía el cañón hacia él.

                                    MARÍA
         Y mi hermano.

Su voz es apenas un hilillo, tan destrozada como su cuerpo.

                                    ÓSCAR
         Murió el día que entró aquí.

María tarda en digerir las palabras de Óscar. Las lágrimas afloran en su rostro y levanta el arma de nuevo, apuntando hacia Óscar.
Duda.

Finalmente desiste y se acerca hasta la puerta. Su caminar muestra su espalda mutilada por los golpes y por las llagas de La Parca. Se desprende de la cadena del cuello y se acerca hasta Carbón, que continua rascando la puerta bajo un charco de orina y heces.
María levanta el arma y sin dudar, dispara al animal a la cabeza. Después se da la vuelta y aloja el cañón en su boca. Con la misma determinación abre fuego.

Óscar y Diana observan la terrible estampa desde el suelo, pero Diana apremia a Óscar. Su mano ensangrentada se aferra a la de él.

                                    DIANA
Ve a por Fátima... prométeme que cuidarás de ella.

Óscar no contesta. Se quita la cazadora y la coloca bajo la cabeza de Diana, a modo de improvisada almohada. Se inclina y la besa en los labios antes de incorporarse.

Fátima permanece acurrucada en el suelo con la cabeza escondida entre las piernas, oculta tras la puerta.
La puerta chirria y se abre muy despacio.
Una mano se apoya en su cabeza y le mesa el cabello.
Fátima levanta su mirada llorosa y observa el semblante serio de Óscar. Su gesto se contrae y se abalanza sobre él con los brazos extendidos.
Óscar la acoge entre sus brazos y deja que se desahogue.

                                    FÁTIMA
                               (sollozando)
         Lo siento, no sabía qué hacer.

                                    ÓSCAR
         Lo has hecho bien, has sido muy valiente.

                                    FÁTIMA
         ¿Y Diana?... ¿Está bien?

El silencio de Óscar inquieta aún más a Fátima, que se separa levemente de él. Óscar es incapaz de mirarla a los ojos y las lágrimas comienzan a brotar tímidamente de su rostro.

Fátima alarga la mano y le seca las lágrimas. Ahora es ella quien le consuela a él.
Óscar la abraza de nuevo.

43-INT-COMEDOR HOSPITAL-NOCHE

Óscar y Fátima están sentados uno frente al otro y en silencio. Sobre la mesa descansan dos test de “La Parca”.
Fátima recoge el suyo y le enseña el color de la muestra.
Óscar sonríe aliviado y asiente con la cabeza.
Fátima le da la vuelta al test y observa el color azulado sobre la placa plateada. Lo deja sobre la mesa con celeridad y recoge el de Óscar. Lo mira.

                                    ÓSCAR
Si no es azul, quiero que te apartes de mí y lo quemes.

Fátima observa el test y luego a Óscar.
Le da la vuelta a la varilla y le muestra el color azul del test.
Óscar respira aliviado. Se levanta

                                    ÓSCAR
          Quédate aquí.

Fátima le lanza una mirada de preocupación.

                                    FÁTIMA
          ¿Por qué, a dónde vas?

                                    ÓSCAR
          Tengo que quemar los cuerpos.

                                    FÁTIMA
          Quiero ayudarte.

                                    ÓSCAR
No, es mejor que te quedes. Lávate y descansa. Yo te avisaré cuando puedes bajar.

Óscar le da la espalda y se dirige hacia el armario. Fátima se incorpora veloz y le abraza antes de llegar.
Óscar le devuelve el abrazo, lo necesita tanto como ella.

                                    ÓSCAR
No temas, no te dejaré... Ahora somos familia.

Fátima levanta la mirada y observa la expresión sincera en el rostro de Óscar.


44-INT-PASILLO HOSPITAL-NOCHE

Óscar arrastra por el suelo el cuerpo de Carmelo sobre una bolsa negra.
Con el rostro embutido en la máscara de gas, deja caer la bolsa junto a los cuerpos de Jesús, María, Carbón y el Hombre en el agujero trampa del pasillo.
Agarra una garrafa de gasolina y la silla donde se sentó Jesús. Lanza la silla sobre los cuerpos y vierte la gasolina.  

Se saca el zippo del bolsillo y prende un trozo de tela. En cuanto empieza arder, la deja caer en el agujero.
Los cuerpos prenden enseguida, formando una nube de fuego y humo.


45-INT-HALL HOSPITAL-NOCHE

Óscar se acerca hasta el cuerpo sin vida de Diana y se arrodilla ante ella. Contempla y acaricia su rostro antes de levantarla con ambos brazos.


46-EXT-PATIO HOSPITAL-AMANECER

Óscar tapa de tierra el cuerpo de Diana.
Aplana el pequeño montículo con la pala y se retira un par de pasos.
Se ha quitado la máscara de gas y su rostro muestra verdadera tristeza. Observa en silencio la tumba donde yace Diana.

Fátima se acerca y se planta a su lado.
Óscar se sorprende al verla junto a él.

                                     ÓSCAR
         Te dije que te quedaras arriba.

Fátima levanta la cabeza y aprecia el gesto afligido en Óscar. Tras un breve instante, devuelve la mirada a la tumba. Estira la mano y recoge la de Óscar.

Ambos guardan silencio. Óscar observa la mano de la niña aferrada fuertemente a la suya.
Relaja un poco el gesto y envuelve con su mano la mano de Fátima, y al igual que ella contempla la tumba de Diana.

Detrás de ellos, en el huerto, comienzan a florecer los primeros brotes de la cosecha.

         FUNDIDO A FIN.